Nos situamos en el borde sur oriental. A la derecha dejamos la iglesia que ya hemos analizado en otra ruta. Desde ahí dominamos perfectamente la calle San Elías que durante la segunda república se llamo oficialmente Galán y García Hernández. A la izquierda en el número 1 la vieja escuela que hoy es propiedad particular y que Ricardo Rodríguez Pérez Blanco vendió para comprar el bar actual. En el número 3, la casa que funcionó como iglesia provisional desde 1915 hasta 1944, más abajo el portón donde fue matado Rafael Mateos Vela, primer muerto como consecuencia de la llegada de la guardia civil al pueblo después de los incidentes en que habían muerto dos de sus miembros. A la derecha de la
calle San Elías, la casa señorial de los Espina, que a finales de los sesenta compró el último alcalde franquista y primero de la transición D. José Romero Bohollo. Durante la segunda república se paró la construcción de esta casa por presuntas irregularidades cometidas en su construcción en la Restauración y desde sus muros a construir dispararon contra el cuartel en la madrugada del 11 de enero. Luego en los cuarenta la familia Espina terminó de construirla y se vino a vivir a ella, según parece huyendo de la inseguridad que provocaban los maquis en su casa próxima de la calle San Francisco. Bajando por la escalera nos adentramos en la calle San Francisco (Julián Besteiro en la Segunda República), a la derecha la vieja casa de los Espina, de cuya familia sigue siendo propiedad. Estamos ante la casa más señorial del pueblo. En frente tenía Antonio Vela Morales su casa, hoy pertenece a la familia de “Pepito” Fernández Vela. De vuelta a la Alameda nos topamos con un bar con atracciones para los más peques, que antes fue la tienda de tejidos de Pepe Rey y en la monarquía el casino, a la derecha el antiguo cuartel de la guardia civil y más a la derecha la casa de José Vela Morales, de la gran familia de propietarios del pueblo. Luego se dividiría entre el maestro y alcalde durante el primer franquismo D. Manuel Sánchez y Juan Pérez Blanco. Esta casa conserva huellas todavía del poderío y la rotundidad con la que la han caracterizado siempre. Enfrente, la escalera «del culo», un acceso a la Alameda de reciente creación y que tiene ese nombre por el enfrentamiento entre los dos políticos con más poder del final del franquismo, Nicolás Vela y José Romero por el lugar donde se debería colocar la escalinata. Evidentemente estamos en el lugar central de la historia de Casas Viejas, buen lugar para recordarla y vivirla.
