Los maestros tenemos en la actualidad mala prensa, trabajamos poco, tenemos muchas vacaciones y ganamos más de lo que debiéramos, dicen. Todo el mundo sabe que antiguamente los maestros estaban muy mal pagados, aquella frase de «pasas más hambre que un maestro escuela» ha pasado a nuestra memoria colectiva. Pero además de las pésimas condiciones económicas, muchos maestros han sufrido la peor miseria que se puede sufrir, la de la represión, la de la condena, la del ostracismo… por tener unas ideas y defenderlas. A este tipo de maestros es a los que se refiere la entrada de hoy. Durante dos periodos de nuestra historia el ensañamiento con la figura del maestro que representa la cultura, la libertad, el espíritu crítico… ha sido especial, me refiero a la Restauración y a la Postguerra. Durante el caciquismo, la máxima de al amigo el favor, al enemigo la ley, covertía al maestro o en segundon, meapilas y encubridor del cacique o en un librepensador en el que el cacique y su coro descargaban sus iras y miserias. En la postguerra muchos maestros fueron el blanco del régimen por su apuesta por la educación y la cultura. El libro de María Antonia Iglesias los maestros de la república retrata perfectamente este mundo o el de La escuela derrotada de José Pettenghi referido al ámbito de Cádiz y donde aparece el caso de cuatro maestros de Casas Viejas depurados. Antes y después tampoco nos hemos librado del linchamiento, aquella famosa frase de Millán Astraid «Muera la cultura, viva la muerte» ha perdurado en el subsconsciente más de lo que debiera, pero no tiene comparación con los periodos citados.
En Casas Viejas esta figura del maestro que no renuncia a su libertad y que cree en la educación como el instrumento más adecuado para transformar la sociedad que no le gusta ha abundado. También la persecución y el hostigamiento claro está. La depuración de funcionarios y sobre todo de maestros fue una práctica característica de la postguerra, pero, aunque de forma más encubierta, existió antes y después. Podemos empezar con aquellos primeros maestros de mitad del siglo XIX que se establecían en Casas Viejas y que se le impedía la práctica de su vocación/oficio. En un acta capitular del cabildo del 3 de enero de 1941 ( por lo que se ve estos políticos no tenían vacaciones de Navidad) podemos ver una petición para que se prohíba ejercer su profesión a un maestro “licitando se prohíba a Don Antonio del Pino enseñar en Casas Viejas”. O el caso que aparece en un acta del 2-10-51 donde se lee:» Se vio un memorial de D. Juan Barrera y Valencia profesor de primera educación en el que demanda fijar la residencia en este término solicitando se sirva esta Corporación concederle el magisterio de Casas Viejas; para que la misma pueda resolver sobre este particular se determinó que el regidor Don Francisco de Paula Rosso comisionado para instrucción primaria se informe sobre lo que podrá realizarse en Casas Viejas y de la escuela que allí existe, así como para conocer quien sea el Don Juan Barrera que se pida informes al Sr Alcalde del pueblo donde sea el maestro o haya sido últimamente« Posiblemente fuera la primera vez que se pedían informes del maestro del lugar de procedencia, pero no sería la última.
