En septiembre de 1982, bien por problemas políticos estructurales -la dependencia de Medina – o coyunturales – se acusó al gobernador civil de UCD de querer castigar a un pueblo que mayoritariamente votaba socialista o también en el contexto del embrollo político de las denuncias sobre malversación de fondos en el empleo comunitario – o por problemas económicos coyunturales- en plena crisis económica como ahora- o estructurales – el viejo problema agrario del que siempre Casas Viejas ha sido un ejemplo mediático- la no llegada de los fondos necesarios para los trabajadores provocó una serie de manifestaciones e incidentes que concluyeron en el corte de la carretera y en enfrentamientos con la guardia civil. Los medios explotaron el incidente, que en otros lugares no habría tenido la más mínima repercusión, aprovecharon los Sucesos practicando el sensacionalismo y de paso vender más periódicos. El «casus belli» de estos incidente se produjo cuando Ángel «El molinero» echó unas fotografías y el sargento de puesto ( «Caracoles«) fue hacía él, con lo que movilizó al resto de los guardias. En estas circunstancias se entienden los esfuerzos del bueno de Antonio Orellana de diferenciar estos hechos con los del 33 y también se comprende cierto hartazgo ante la continua utilización y especulación con esos hechos. Creo que aunque el fondo era el mismo, los 50 años transcurridos de unos sucesos a otros habían colocado dos Españas y dos Casas Viejas totalmente distintas. Las mismas causas sociales, económicas, políticas y culturales pero en circunstancias totalmente distintas. Estos hechos se pueden considerar el final y el principio de una etapa. En las elecciones del 83 la llegada de Francisco González Cabañas a la alcadía va a suponer el fin de la inestabilidad y la atomización política. Las Lomas y la construcción posibilitan un desarrollo económico sin precedentes. Estos cambios políticos y económicos fueron acompañados de las respectivas transformaciones sociales y culturales. Iguales que los que había sufrido el resto de España, pero de una forma más tardía y acelerada en su tramo final.
En la actualidad debería haber un cierto consenso en el pueblo de que los Sucesos de Casas Viejas no es «una historia para olvidar«, sino que debe estar situada en nuestro acervo histórico y cultural con la normalidad que a una sociedad desarrollada de principio del siglo XXI se le presupone. Pero sobre todo deben estar sometidos a un continuo proceso de conocimiento, difusión y estudio en el mismo pueblo que impida las manipulaciones, tergiversaciones y especulaciones que tan frecuentes han sido en nuestro pasado más reciente.

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