Todos los documentos históricos sobre planificación hidrológica, o más bien sólo hidráulica, española han contemplado obras en la cuenca del Barbate. La pretensión de crear una zona regable en la cuenca del río Barbate se remonta al siglo XIX y en concreto al año 1822, fecha en la que se otorga la primera concesión administrativa a D. José Moret… La creación de la Zona Regable del Barbate iba indisolublemente unida a la propuesta de desecación de la llamada laguna de la Janda, terrenos pantanosos, gran parte del tiempo conformados por lagunas pequeñas y uniformada durante los periodos invernales… La citada laguna funcionaba a modo de llanura de inundación, regulando las crecidas del Barbate y sus afluentes Celemín y Almodóvar, retardando la evacuación de sus aguas hacia la marisma del mencionado río. La escasa profundidad de la laguna hacía que la desecación natural de la misma se produjera en verano, por efecto de la evaporación”. La estrategia para desecar la Laguna de la Janda tenía dos elementos, por un lado, construir embalses en la cabecera de esta que regulasen el aporte de la cuenca y por otro establecer un sistema de drenaje que evacuara el agua a la marisma con cierta rapidez. Dice Juan Clavero en el artículo ya citado: “Con estas obras, el Barbate y sus principales afluentes han sido definitivamente domesticados. Sólo un afluente importante, el Álamo sigue sin regulación; sus aguas discurren libres desde las campiñas de Alcalá y Medina hasta el mar, con la importancia ecológica que ello supone en medio de unas cuencas totalmente compartimentadas por las presas… Con la desecación de la Janda y la construcción de las presas, la cuenca del Barbate ha sido totalmente transformada, con una división funcional que ha adscrito a la cuenca alta el aporte del agua para la agricultura intensiva que ha desarrollado en la cuenca media y para el desarrollo turístico en la baja. El resultado es un claro desequilibrio económico entre la zonas altas y baja de la cuenca”. Desequilibrio este que está en la base de la oposición de Alcalá de los Gazules a la posible construcción de la presa del río Álamo. Concluye Juan Clavero en el citado artículo: “El tiempo ha venido a dejar más patente si cabe la paradoja de este plan de desecación: una valiosísima zona húmeda se deseca para transformarse en tierra de regadío, valles y campiñas se inundan para retener el agua de los ríos y favorecer la desecación de la laguna, y al final, zonas del vaso de la laguna se terminan por reinundar de nuevo con el agua de los embalse para el cultivo del arroz».

Gran parte del Termino de Medina, Paterna y Alcala vienen a verter sus aguas a través del Rio Alamo al rio Barbate. Este rio no está actualmente regulado pero sí lo está el río Barbate con su presa y sus REPRESAS que elevan el nivel de sus aguas en verano para poder regar.
Estas represas son de hormigón y por tanto son permanentes con lo que representan un verdadero tapón en invierno cuando vienen las crecidas y provocan las riadas que vimos el año pasado con el daño que producen en las infraestructuras agrarias y en los cultivos.
Yo comprendo que no quieran hacer la presa del rio Alamo pero no entiendo que se construyeran esas represas. No entiendo por qué no dejan limpiar el cauce del rio que se está cegando por la contención que provocan éstas represas y el consiguiente crecimiento de plantas en el lecho del rio.
Tal como está la vega, hoy día no se puede invertir en la agricultura y la ganadería porque te expones a que la riada se lo lleve todo.
Se han invertido mil millones en hacer un segundo túnel para que los terrenos de la antigua laguna no se inunden pero no hay dinero para limpiar el cauce alto con la excusa de que Medio Ambiente no da permiso por el daño que provoca a los nidos de las aves acuáticas.
Desde San Fernando
Manolo Montiano