
Parece que estamos abonados a las disputas y los conflictos. Una de las polémicas historiográficas más importante de la historia de España se refiere al lugar donde transcurrió la batalla en la que las tropas musulmanas derrotaron a los visigodos. Las fuentes hablan del Wädi Lago y su localización ha sido objeto de numerosas discusiones entre los medievalistas. Desde que Levi-Provençal lo localizará en la Laguna de la Janda, dentro del río Barbate, parece que esta opción se está imponiendo definitivamente. Parece ser que hoy, casi todo el mundo está de acuerdo que tuvo lugar en la laguna de la Janda y no en el río Guadalete. En el libro del Río Barbate, Antonio Luís Rodríguez Cabañas recoge el escrito de Eduardo Saavedra que hizo siguiendo al primer cronista: “Lejos de ir a buscar aventuras a los llanos de la tierra jerezana, el musulmán no quiso perder el apoyo de las montañas, ni la proximidad de sus barcos y esperó a Rodrigo en el puerto de Facinas. El rey vino a Medina Sidonia y plantó en el llano del Barbate, junto a la actual aldea de Casas Viejas las tiendas de su ejército. Tarik apoyó su ejército con su izquierda en la Laguna y su derecha en la sierra de los Tahones, con las suaves vertientes del arroyo Celemín a sus pies y los charcos y lodazales del Barbate, más lejos al frente. El rey godo se situó frente al llano del Barbate pasando luego por encima de la actual Casas Viejas”. Ángel J Saez Rodríguez en el mismo libro la cuenta de la siguiente forma: “Amanecía una mañana fresca del mes de julio del año 711. Las huestes de don Rodrigo, el nuevo señor de Toledo y de Hispania, se desplegaban en batalla en aquella enorme llanura encharcada, levantando a su paso bandadas de aves que pronto volarían hacia África… Y el enemigo ya estaba allí. Conforme el sol se iba alzando sobre las onduladas colinas que se extendían hacia el Este, un ejército innumerable se fue extendiendo por la llanura. Miles de jinetes de rostro moreno, extraños tocados y sables curvados, nunca antes vistos en Occidente…Las fuerzas de don Rodrigo recelaban de los recién llegados y de sus propios compañeros de armas. Formaban un ejército poco cohesionado, integrado por las huestes privadas de los nobles, a su vez enfrentados por la sucesión del rey Witiza, muerto el año anterior…La batalla de Wadi-Lakka fue breve, intensa, decisiva. El concepto feudal, del ejército pesado y señorial, cayó ante el empuje de aquellas extrañas tropas, ligeras y flexibles, montadas a la jineta. Las aguas someras que alimentaban el caudaloso Barbate, bajaron pronto tintas en sangre. En su lecho desapareció, para siempre, el efímero rey visigodo. La traición de algunos de sus seguidores hundió el frente godo y la caballería islamita triunfó de manera contundente. Junto a los cañaverales y carrizos naufragaron los pilares de aquel Estado heredado de la antigua Roma. El idílico humedal de La Janda se había convertido en escenario del final de una época. El mundo clásico era ya pasado, después de mil quinientos años de fecunda historia en las inmediaciones de las Columnas Hércules”. 
