¿Sólo queda pasar hambre y frío?. Pues no. Lo primero, creo, aprender de los errores. No tenemos ni la productividad y competitividad necesaria, ni las infraestructuras adecuadas, ni la cualificación de la mano de obra oportuna para que tengamos un tejido productivo medianamente consolidado que fije la necesaria mano de obra. Tenemos un gran deficit en educación, en formación, en cualificación y la primera tarea pasa por ser conscientes y reconocerlo. Decía Séneca que no llega antes el que va más rápido, sino el que sabe adónde va. Creo que casi todo el mundo está de acuerdo en colocar a la educación en el centro de las prioridades. Pero entendida como una motivación para ser más, no para tener más.
Ya sabemos que el vocablo crisis tiene un origen griego y significa cambio, estando
relacionado con crítica y criterio, lo que nos obliga a reflexionar. Para este cambio que nos empuja la crisis tenemos que ser críticos para formarnos un criterio que nos ayude a clarificarnos donde queremos ir. Ya dijo Churchill que «la crítica no es agradable, pero es necesaria y cumple la misma función que el dolor en el cuerpo humano». Para superar esto se debe partir de la concepción de la crisis como el impulso que generará el cambio o/y la transformación. Y me parece que muchas personas están de acuerdo que la etapa que está por venir y estamos construyendo ya debe estar marcada por el valor añadido de la educación. Todavía recuerdo las palabras de aquel entrañable Inspector de Educación que decía que la creación del Instituto era más importante que la Segregación.
Tenemos una ventaja y esa es nuestro pasado. Decía Benjamin Disraeli que no hay educación como la que da la adversidad o la de Freud «He sido un hombre afortunado:nada en la vida me fue fácil». Y en eso, a nivel global, deberíamos ser catedráticos. Parece claro que sometidos a grandes presiones damos nuestros mejores registros. Como decía mi amigo Alberto el carbón sometido a grandes presiones se convierte en diamante. Desde el sufrimiento, desde el pozo, desde la adversidad se llega a todos los sitios si le ponemos coraje, esfuerzo, rigor y voluntad. Como reza el dicho, si queremos la miel, tendremos que aguantar las picaduras de las abejas. O como dice un proverbio ruso: «Caer está permitido, levantarse es obligatorio». 
