La niña Caridad Reyes Rodríguez vivía en la choza con sus abuelos maternos, Caridad Gutiérrez y Manuel Rodríguez. Conocida por todos como CARI, el tiempo de su infancia se le iba en los carrerones que pegaba por el pueblo, jugando y consiguiendo algo de comer y que llevar a su abuela, porque la pobreza era la dueña de la choza.
Dice mi madre que el cura D. Manuel Muriel les daba, en vísperas de Nochebuena, unos buñuelos a los niños en una hoja de palma. Claro que para eso tenía que estar todo el año asistiendo a la catequesis; pero, cuando lo más necesario es escaso, es un buen contrato: Yo asisto todo el año a las catequesis y Vd. Me da unos buñuelos en Navidad. Buen negocio, de los de aquella época.
La niña Carí se sentaba en la alameda y se los comía todos de golpe. Ahora, con sus 72 años, se le ponen los ojos llorosos y me dice: ¿cómo no se me ocurrió guardar uno para mi abuela Caridad?. Yo le digo: Mamá: ella no lo hubiese permitido y tú tenías 7 u 8 años.
El día de Navidad, la pequeña corría que se las pelaba, descalza, hacia la casa de su abuela paterna Sebastiana Reyes Estudillo. Veía a su hermana mayor, Manuela, que vivía con esta abuela, y del puchero que hacía le daban caldo en un cazo y…. a correr otra vez para casa con este manjar para su abuela Caridad.
En la mañana del 6 de Enero, Cari se levantaba y preguntaba a su abuela : “¿Han venido los Reyes Magos?”. Y su abuela Caridad, comiéndose su pena y haciéndose también otra niña le decía a su nieta: “ Hija, es que como nuestra choza está en un alto los camellos no pueden subir las cuestas”
En la foto, las hermanas Manuela (la mayor) y Carí. Dice mi madre que, probablemente, les dejaran esas ropas y zapatos para las fotos.
