Un año más ha pasado desde la matanza de Casas Viejas. Van setenta y siete. Institucionalmente pocas novedades ha habido. Ni el libro que coordinamos Gerard Brey y yo ha podido ver la luz, ni la página Web de la Fundación Casas Viejas 1933 ha vuelto a dar señales de vida, ni parece que estos días vayan a pasar con más recuerdos que algún que otro artículo en la prensa local y cenetista. Aunque siempre hay que hacer la excepción de la ofrenda privada de Juan Pérez Silva y las actividades escolares que se hagan en el instituto de Casas Viejas y que, en realidad, son las más importantes. A menos de que, como a veces ocurra, salte la liebre de alguna actuación espectacular por parte de las administraciones. Por ejemplo sobre el uso y apertura pública del solar comprado por el ayuntamiento o la búsqueda del cadáver de María Silva Cruz.
Sin embargo, este año ha sido importante para un mejor conocimiento de lo ocurrido entre la tarde-noche del día 10 y la mañana del 12 de enero de 1933. Me refiero a la publicación por Salustiano Gutiérrez Baena, el autor de este blog, del libro Itinerarios por Casas Viejas (Cádiz, Autor, 2009) en el que una de las rutas por la localidad propuesta es la de “los Sucesos”. Varias
son las razones para que estas páginas estén entre de las de mayor transcendencia escritas últimamente. En primer lugar porque ofrece una guía inestimable al simple interesado en estos acontecimientos históricos completando, desde otra perspectiva, la que ya hace unos años publicó José González (José González Benítez, “Benalup-Casas Viejas. Recorrido por los escenarios de los sucesos” en VV.AA., Viaje por el problema agrario. La Janda (1882-1982). Alternativas e hitos del movimiento campesino, Cádiz, Asociación Brezo y Castañuela, 2007, págs.115-133). En ambos casos los autores escriben desde dentro, desde su conocimiento del espacio físico, los habitantes y la tela de araña interna que teje las relaciones sociales de la localidad.
En segundo lugar porque no es un texto de mera erudición historicista. Importantes son las aportaciones fotográficas, entre ellas la de Jerónimo Silva Cruz, y la documentación de la famosa fotografía de las mujeres, y las que se hacen de los avatares posteriores de algunos de los protagonistas de la revuelta. La vena didáctica de quien es profesor que todavía se cree su oficio, a pesar de los pesares, traza una línea que nos va llevando por los lugares físicos, la secuencia de lo ocurrido, sus antecedentes y consecuencias y perspectivas interpretativas desde una clara posición de compromiso que se explicita en el título del último apartado: “el antídoto contra el olvido”.
Finalmente, en tercer lugar, Salustiano ofrece la aportación más importante que viene a derribar definitivamente uno de los tópicos más extendidos hasta hoy: que la mayoría de los vecinos muertos no habían tenido nada que ver con la proclamación del comunismo libertario y que su destino fue fruto de la casualidad y la mala suerte. Tras la reconstrucción que el autor ofrece de la razzia practicada por las patrullas de guardias de Asalto y Civil no cabe más que suscribirse que fueron a “tiro hecho”. Que recorrieran las calles Nueva y Medina no fue casual, allí eran donde vivían los jornaleros anarcosindicalistas. Como tampoco lo fueron las casas que registraron. En todas ellas donde vivían participantes y familiares de los acontecimientos. A los primeros fueron a buscarlos y, cuando no los encontraron, se llevaron a los segundos.
De rebote, de la reconstrucción se aprecia la activa participación de la Guardia Civil. Un hecho que, como en otros tantos aspectos de la matanza, ha sido desvirtuado intentando descargar la exclusiva responsabilidad de lo ocurrido en la Guardia de Asalto, mandada por Rojas, el oficial de mayor graduación de los presentes y por tanto su responsable. Fueron los guardias civiles supervivientes del puesto los que reconocieron a sus sitiadores y fue uno de ellos, Salvo, el que reconoció a Manuel Quijada, guió a los sargentos de Asalto y Civil Fernández Artal y Anarte Viera a su casa y, después, a la de “Seisdedos” en donde estaban refugiados sus hijos Francisco y Pedro y su yerno Jerónimo Silva. Todos ellos participantes en el sitio del cuartel. Consumado el incendio de la choza y orientando y señalando chozas a las patrullas mandadas por los tenientes de Asalto Gregorio Fernández Artal y Sancho Álvarez Rubio iban los guardias civiles Pedro Salvo Pérez y Manuel García Rodríguez del puesto de Casas Viejas y Juan Gutiérrez López que había estado destinado antes y conocía, como el sargento Anarte, el terreno.
En definitiva un trabajo que hace que el año 2009, parco en celebraciones oficiales y otros eventos similares, pueda ser considerado más que fructífero por quienes pensamos que sobre los sucesos de Casas Viejas queda mucha verdad histórica por sacar a la luz y enseñanzas que recoger.
José Luis Gutiérrez Molina

Ahi tienes un enlace que seguro te interesa
http://www.albadigital.es/2010/01/07/politica/todo-por-la-pasta/
Gracias, Paco, es interesante. Está en mis antípodas ideológicas, pero todos los puntos de vista son necesarios.