Es Benalup Casas Viejas un típico pueblo andaluz que se ha basado desde siempre en las actividades agrarias. Como la mayoría, a partir de los setenta, su población se dividió en dos sectores claramaente diferenciada; la que emigrò y la que se quedó. Esta última paso a formar parte del binomio campo y construcción, dispuesta a trabajar en uno u otro sector según las necesidades y sucesivas crisis económicas demandaran. A final de siglo, el binomio, se convierte en trinomio y los servicios se unieron a los dos sectores nombrados. Lo agrario fue perdiendo importancia, pero sin desaparecer nunca, aunque los sectores punteros eran los servicios y la construcción en esa división del trabajo europea donde a los andaluces de esta zona nos había tocado poner ladrillos y cervezas. Dentro de esta evolución económica de la mayoría de los pueblos andaluces nosotros nos diferenciábamos por el carácter de pueblo nuevo y por el estigma del latifundismo puro y duro que nos había hecho. Será uno de los factores que explique que dentro los pueblos de la provincia de Cádiz nos caractericemos por ser los que porcentualmente tenemos más población activa en el campo y en la construcción, como se ve en un estudio de la fundación BBVA de la población de la provincia de Cádiz. A lo largo de su libro (que nos servirá de base y referencia para toda esta serie) Agustín Coca pone de manifiesto que la inmensa mayoría de los hombres y las mujeres de esta zona se han debatido entre la realidad de «servir a» y la aspiración de no trabajar para nadie. Esa lucha contra la dependencia y las pésimas condiciones de vida que impone el latifundismo es lo que explica la abundancia de zapateros en B/CV o el carácter de «buscavidas» y la fama de nuestros albañiles. Parece claro que hasta finales del siglo XX el latifundismo determina el sistema social del pueblo y sus huellas por ahora son imborrables. Como se lee el libro Los Camperos ”En este contexto, los diversos colectivos aparecen definidos desde su relación estructural con la tenencia de la tierra. El sector más numeroso, son los enajenados de este medio: los trabajadores sin tierras. En el otro extremo, los grandes terratenientes, escasos propietarios de las grandes fincas. Entre unos y otros, una franja de pequeños y medianos propietarios, aparceros, arrendatarios, etc., que junto a los que se integren en la industria y administración local, completan el espectro social del campo andaluz hasta hace pocas décadas«.
La foto de arriba de Mintz, abajo un «chiste» del Roto.