Las relaciones de los alcalaínos y benalupenses han sido y son muy cordiales, en contraposición con las que se han tenido con los asidonenses que aunque ahora son muy buenas, no siempre han sido así por las circunstancias históricas que todo el mundo conoce. Son muchos los factores que influyen en ello y la inmensa mayoría están relacionadas con causas históricas. Siempre han sido constantes las relaciones de vecindad y de migración de un pueblo a otro, pero fundamentalmente en dos periodos han sido fundamentales. A finales del siglo XIX, coincidiendo con periodo álgido de formación y consolidación del pueblo. Muchos “sopacas” que luego se establecen definitivamente en Casas Viejas lo han hecho primero en Alcalá. De hecho de las 900 partidas de nacimiento analizadas entre los años 1871 y 1892 de este pueblo el 10% habían nacido sus padres en el pueblo vecino y de ellos un 20% sus abuelos no habían nacido en Alcalá sino en los pueblos de la serranía de Ronda. Convirtiéndose así en el segundo pueblo, tras Medina, en aporte demográfico. Recuérdese que estos segadores malagueños venían andando desde sus pueblos hasta la Sauceda, de ahí subían hasta el Aljibe, bajaban al Picacho y llegaban a Alcalá. Una vez aquí se distribuían por los trigales de la Janda y de la campiña jerezana. Muchos se quedaban a vivir definitivamente en la sierra, trabajando en el carbón, en el corcho o actividades propias de la economía depredadora como la caza o la recoleccion de frutos silvestres (espárragos, tagarninas, alcauciles, etc). En lo que hoy es el Parque de los Alcornocales y que constituye la zona de contacto entre el término de Alcala y el natural y justo de B/CV. El otro momento en que las relaciones entre Alcalá y Benalup se estrechan es a finales de los sesenta y principio de los setenta. Estos años coinciden con la crisis brutal del campo alcalaíno y la desaparición casi definitiva de las prácticas relacionadas con el carbón y la eclosión en las Lomas de los llamados cultivos sociales (algodón, remolacha, zanahoria…) que tantos puestos de trabajo demandaron en la comarca. De hecho mientras que en 2008 Alcalá tenía 5660 habitantes en 1960 eran 11.221. Esta sangría demográfica del 50% de la población del pueblo vecino no sólo hay que ponerla en correspondencia con la casi desaparición de las actividades relacionadas con el carbón o de la agricultura al declararse zona de preferencia ganadera, también con la extinción de las pequeñas y medianas explotaciones ganaderas, en beneficio de las grandes y sus intereses represantada por el dominio en ella de los venados, así como la política forestal del gobierno desde los sesenta, idea que es el hilo argumental del libro Los Camperos de Agustín Coca. También es necesario tener en cuenta que como dice Juan Clavero: «una división funcional que ha adscrito a la cuenca alta el aporte del agua para la agricultura intensiva que ha desarrollado en la cuenca media y para el desarrollo turístico en la baja. El resultado es un claro desequilibrio económico entre la zonas altas y baja de la cuenca». Y como remata Agustín Coca:«En los noventa, con la construcción del Pantano del Barbate desaparecen los escasos cultivos que existían en las vegas del Rio Rocinejo lamentando algunos sectores locales la pérdida definitiva de las que se consideran las mejores tierras de la localidad. Las explotaciones que se benefician de esta nueva infreaestructura se encuentran en el curso bajo del rió Barbate, que coinciden con las que estaban bajo las aguas de la laguna de la Janda cuarenta años atrás». Esta situación está sin duda detrás de la abierta oposición de la población alcalaína al proyecto del pantano sobre el río Álamo.
Foto Mintz
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