Las condiciones de los sopacas también eran muy difíciles. Como cuenta Agustín Coca en Los Camperos: “Otros procedían de otros términos municipales. Sobre todo de la sierra de Ronda. Desde estas comarcas los trabajadores serranos cruzaban a través del término de Cortes de la Frontera a las Sierras del Aljibe, en durísimas jornadas, hasta llegar a los valles del Barbate y campiñas de Jerez de la Frontera, Arcos de la Frontera o Medina Sidonia. Aun recuerdan los segadores de estos pueblos sus penosas caminatas, con los ceretes de higos, seguidos por el ropero o mulos que llevaban las camisas limpias para las vestidas, en ese peregrinar de tajo en tajo. Los rancheros de la localidad también los rememoran con sus camisas de manga larga, sus sombreros…Y sin mujeres. Se quedaban a la interperie sin más cobijo que la sombra de un árbol por el día y las estrellas por la noche… Traían sus cocineros y trabajaban de sol a sol e incluso por las noches, que iban por cuenta y había que aligerar… luego al final de la temporada algunos se volvían con algún borrico para ayudarse en sus faenas de por allí, para viñas que decían que tenían” . Dice uno de los que está conmigo en el bar que empezaron abaratando los jornales, luego los destajos y han terminado echando a los españoles de las obras y que los benalupenses son los más afectados. Yo me acuerdo entonces del destajo y de las grandes luchas campesinas que en esta tierra se han desarrollado por culpa de él. Y como estos sopacas tomaban los destajos a mitad de precios que los lugareños, dentro de esa mentalidad del inmigrante de que como se está fuera hay que gastar lo mínimo y trabajar lo máximo posible mientras que se está en tierra extraña para llevarse mucho dinero a casa. También me acuerdo de que alguien me dijo que en la época reciente de vacas gordas había gente que con los destajos en la obra, en la Costa del Sol o en Algeciras, o en los Barrios ganaban más de un millón de pesetas al mes y encima estaban contentos de que el empresario les declarara solo 100.000 pesetas porque así se engañaba a Hacienda. Yo pensaba que ahora se ha visto quien era el autoengañado y los efectos de esta autoexplotación. Me da a mi la impresión que la gente que pagaba así no tienen su segunda residencia en zona ilegal, sin los servicios básicos y a rebujo de luchas electorales locales. La conversación deriva al racismo y al pragmatismo. Todo el mundo se autoproclama antiracista, «pero cuando hay poco, primero para los españoles y luego ya veremos». «Yo como dice fulanito de tal, no soy racista, sino ordenado, los blancos aquí y los negros allí» Entonces, alguien me mira y me dice: Salus, tú que piensas que estás muy callado”. Cuando voy a tomar la palabra, me dice ten en cuenta que tú tienes dos sueldos y no estás en la situación de quien no tiene nada para darle de comer a sus hijos. Entonces fue cuando el instinto de supervivencia me trajo la frase de todos somos inmigrantes. Luego en casa busque en el libro de Agustín Coca y encontré lo que buscaba, es muy breve:“Vinieron muchos jornaleros procedentes de los pueblos de las campiñas vecinas y de la Serranía de Ronda que tras emplearse como temporeros en la recolección del trigo, pasaban a ser carboneros, quedándose definitivamente en el pueblo”. ¿Quién tiene un abuelo o bisabuelo malagueño?
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