Este poblamiento junto al tradicional disperso facilitó la creación de tres ventas; El Ventorrillo de Curra, la de Diego Correro y Beatriz Toledo y la de José Estudillo y María Mateos. El habitáculo más común de la zona era la choza, aunque también había casarones. Las tres ventas se crearon en torno a chozas, la de Estudillo al lado del pozo que aparece en la segunda fotografía,«donde ella misma metía en el las cervezas amarradas con una guita para que se enfriaran, y luego sacarlas para servirlas» . Luego se desecó La Laguna de La Janda, se hizo el pantano de Celemín como presa de contención y se construyó la carretera. Una carretera que iba a cambiar el futuro de la zona para siempre. De nuevo aparece la desecación de La Laguna como punto de inflexión de la zona. El proceso de la venta en parcelas de la antigua finca de Reyes se aceleró, así como la construcción de segundas residencias. En 1979 empieza una romería que va a seguir hasta la actualidad, aunque se cambia la fecha al primer domingo de mayo, tal día como ayer. La venta de la tía Curra desaparece, pero la de Estudillo y Correro, ya gestionadas por su hijos se consolidan y se convierten en líderes preferidos de los «domingueros». En 1989 se procede a la instalación de la luz eléctrica otro punto de aceleración histórica de esta zona, por lo que parecía que el proceso de urbanización era ya irreversible. Hay un proyecto fallido de un hotel. El museo de las cúpulas de Mañez, la cueva del Tajo de las Figuras y la interminable área recreativa del Celemín, así como el mismo pantano, se presenta como serias alternativas de turismo sostenible y de calidad. Sin embargo, los derroteros que toma la zona son otros ya que en abril del ya 2000 las autoridades consideran la zona como urbanizable, sacándola literalmente de la protección integral del parque de los Alcornocales. En el año 2005 se construyó una urbanización de 25 casas adosadas con piscina incluída que contó con todos permisos necesarios de la administración, pero que despertó las críticas de algunos partidos políticos, los ecologistas y de algunos vecinos que consideraban desmedidas las obras y destrozos causados. La crisis económica posterior hizo que la venta de estas casas no fuera lo ágil y fácil que pensaran sus promotores. Mientras ni el Celemín, ni su área reciben las actuaciones necesarias para que el viejo proyecto de centro de turismo ecológico y bajo impacto medioambiental sea una realidad. Al mismo tiempo que la cueva del Tajo de las Figuras permanece cerrada y sobre las innumerables cuevas con pinturas rupestres y los numerosos lugares con dólmenes neolíticos recaen una especie de falso, a mi juicio, manto protector que impide su conocimiento y divulgación. El futuro de la zona es incierto. En este contexto cobra más fuerza si cabe la frase con la que encabezaba su trabajo Sandra Estudillo, que la había obtenido de una de sus fuentes de información y que tanto para ella, como para mí, resume la historia reciente de esta zona:

