En el libro los Camperos aparece así: “En estos años, ante la imposibilidad de organización y defensa de los interese de clase de los propios jornaleros, las condiciones de trabajo son las que impongan los propietarios y poseedores de los medios de producción. Una situación de dependencia, marginación y subordinación económica, social y política con respecto a los detentadores del poder como quizás este sector social jamás había conocido en los tiempos contemporáneos. La coacción era una moneda corriente. No se podía pasar por alto ninguna situación que pudiera leerse como acceso libre y gratuito a estos recursos principales de las dehesas. Hacía solo unos años, el gobierno apoyó las reivindicaciones de estos sectores sociales. Hacía solo unos años los propietarios habían visto peligrar su situación de hegemonía social y económica. Una vez ganada la guerra civil, hicieron uso de su fuerza para desterrar para siempre cualquier intento de volver a momentos pasados. Y cualquier acceso sin contar con la autorización correspondiente, implicaba el uso contundente del peso de la ley”. Parece evidente, por tanto, que las condiciones de los trabajadores del carbón empeoraron en la década de los cuarenta y cincuenta con respecto con respeto al siglo XIX y el primer tercio del XX, lo mismo que esta época debido a la desamortización significó un retroceso para los carboneros con respecto a sus condiciones de trabajo en el Antiguo Régimen. No quiero decir con ello, que vayamos comos los cangrejos hacia atrás, sino que al menos en el mundo del carbón vegetal, aunque los adelantos tecnológicos significarán importantes progresos, las condiciones laborales de estos trabajadores empeoraron.
