
A partir de aquí su vida se reduce a sufrir las consecuencias de la posguerra, muy dura para todo el pueblo español y con especial virulencia para los perdedores, como es el caso de José Suárez. Abandona Casas Viejas, monta un negocio en Los Barrios y termina en Sevilla, donde tampoco encuentra su sitio. Su primogénito, Curro, queda en Sevilla. El segundo, Antonio, hace la mili en Madrid, le destinan a Valladolid y allí
encuentra a su Isabel, crean su familia y allí murió hace pocos años. Los otrosdos hijos emigran a Alemania uno, Pepe, y a Suiza otro, Luis, el único que aún vive allí.
La muerte de su esposa Maria Luisa, la marcha de sus hijos, los años que se le van echando encima, y la larga persistencia de la dictadura, van minando su espíritu animoso y su esperanza de un cambio hacia la ansiada democracia. La llegada de esta, sin atisbos de la República soñada, le llevan a reflexionar: «Todo el que ha vivido sabe que el desengaño es uno de los grandes valores de la vida. El desengaño causa heridas incurables».
Cansado, inmerso en su soledad que solo aliviaron los más allegados como su sobrina María Luisa, hija de su cuñado Curro, el que no huyó con él en 1936 porque no había tomado parte en cosa alguna que pudiera molestar a nadie, y fue asesinado en agosto de ese año, a los 93 años José Suárez murió en Sevilla, dejándonos un ejemplo impagable de su compromiso con los demás.
Hasta aquí lo publicado por Eduardo Ruiz Butrón en la revista Puerta del Sol. El hecho de que yo lo haya reflejado en este blog responde a un doble objetivo, por un lado, por su interés histórico y por otro intentar concienciar a la población de la comarca de la necesidad de que se publiquen estas memorias de Suárez Orellana y con las que Eduardo lleva tanto tiempo trabajando. Su publicación es imprescindible por la misma razón que la recuperación de nuestra memoria histórica; por la dignidad de José Suárez Orellana y del pueblo al que siempre representó.
