Agustín Coca en Los Camperos: “Estos grupos domésticos mantenían las dehesas de la temida matorralización, provocando la regeneración sucesiva de la maleza y la adaptación del sotobosque que permitía optimizar el aprovechamiento ganadero. Se alojaban al completo en chozas que ellos mismos se construían y complementaban sus economías con la labranza de algún trozo de terreno de bujeo (suelos arcillosos en medio de las areniscas) y el mantenimiento de algunos cochinos y cabras, previa autorización del dueño de la finca. También, esta mano de obra era aprovechada para distintos fines. Se trataba de una mano de obra disponible y dócil de suma utilidad cuando en determinados momentos se precisa para actividades concretas. Así se incorporan en las cuadrillas de corcheros, trabajan en los herraderos, los hijos menores hacen las veces de ganaderos, paveros o cabreros y las mujeres se emplean en las tareas de la limpieza del cortijo”. Estas prácticas resultaban simbióticas para las dos partes; ya que los propietarios disponían de mano de obra barata y dócil, al tiempo que le mantenían limpias sus tierras y las familias obtenían ingresos, por lo que los propietarios no solían cobrar nada por este tipo de explotación hasta que al aumentar los precios en los años cuarenta y habiendo cambiado las cambiado las circunstancias sociopolíticas empezaron a cobrarle a estos carboneros. El otro tipo de carbón se denomina de caña, proviene de las ramas del árbol talado o de los pies enfermos o secos. Era el carbón más valorado pues su aprovechamiento estaba orientado al uso doméstico. La leña se obtiene por el hacha o con el cerrote y el trabajador que hace la poda tiene que tener unos conocimientos mínimos de este proceso, pues va en ello la salud del árbol, al mismo tiempo que los ingresos del propietario por otras prácticas como el descorche o la producción de bellotas. Por ello la organización dominante en este tipo de carbón es el jornal, ya que si se utilizase el destajo la salud de estos árboles se pondría en peligro. Dentro de esta modalidad había dos subformas; o el propietario le vendía las leñas a un remitente del carbón que se encargaba del resto del proceso o pactaba la explotación con un ranchero.En el primer caso, el remitente del carbón contrataba a un capataz que formaba la cuadrilla. Se trabajaba por quincenas en el campo y había un descanso de un día, lo que se llamaba “la limpia” Se trabajaba de sol a sol, con varias paradas tres para las comidas o otras para “el cigarro”. La segunda modalidad era que el propietario de la leña tratara directamente con un ranchero para que explotara el carbón. Estos dos solían ir a aparcerías, mientras que el propietario ponía la leña, el ranchero pagaba los gastos de la explotación, incluido los trabajadores. El remitente se encarga sólo del transporte y la compra del carbón que limpiamente llegaba a sus manos. En los años cuarenta debido al aumento de la demanda de carbón y las circunstancias políticas favorables a los poderosos las frecuentes pugnas entre propietarios y remitentes por un lado y trabajadores por otros se inclinaron hacia los primeros. . .
