Estamos en una zona de paso, al sur del sur, al oeste de Occidente y en el centro de la comarca de la Janda. Si a ello le unimos una rica y profunda historia y un amplio y bien conservado medioambiente, por el menor desarrollo económico de su entorno, nos explicamos la continua y trascendental presencia de foráneos en nuestra tierra. Esta es una característica que nos marca desde el origen del pueblo a la actualidad. Así es muy común la llegada de personas de otros sitios por diferentes motivos (segar, ejercer su funcionariado o su profesión, investigar o desarrollar alguna inicitiva empresarial…) , que en un principio no tenían pensado establecerse definitivamente
aquí, como luego terminan haciéndolo. También hay que tener en cuenta la presencia continua de viajeros y turistas. Decía Paul Bowles en El cielo protector: “Entre el turista y el viajero la primera diferencia reside en parte en el tiempo. Mientras el turista, por lo general, regresa a casa al cabo de algunos meses o semanas, el viajero, que no pertenece más a un lugar que al siguiente, se desplaza con lentitud durante años de un punto a otro de la tierra. El turista acepta su propia civilización sin cuestionarla y el viajero la compara con las otras y rechaza los aspectos que no le gustan”. Otra gran diferencia entre el viajero y el turista, bajo mi punto de vista, es la huella dejada por uno y otro. Mientras el segundo es de un bajo impacto, (si acaso en el cómputo global afecta a las costumbres y el medioambiente ) la del primero suele estar caracterizada por las relaciones simbióticas, siendo trascendental lo que aporta con su presencia. Caso paradigmático de viajero y no de turista en nuestro pueblo fue Jerome Mintz o Francisco Segovia García, el caso que nos ocupa hoy.
El doctor Francisco Segovia fue un eminente médico sevillano, nacido en Puerto Real (Ayuntamiento que lo nombró hijo predilecto), de gran prestigio. En los años cincuenta era muy habitual su presencia por la zona de las Gargantillas donde venía a cazar. Fruto de esas estancias son sus dos grandes aportaciones a esta zona; las numerosas fotografías que realizó en la zona y las relaciones personales con los vecinos de la sierra.
En la primera foto Francisco Segovia entrega uno de sus aparatos de Electroforesis al Embajador de los EEUU en España, en las otras dos el marimonio Francisco Segovia y Amelia Espiau (hija del arquitecto que construyó el hotel Alfonso XIII para la expo de 1929 en Sevilla. En la tercera, aparecen en un segundo plano las dueñas de las Gargantillas Francisca y Antonia López.
