Una de las cosas que más me ha gustado del mundial es que la guerra se haya terminado con un beso, y además, con un beso de amor. El beso de Iker Casillas a Sara Carbonero quedará para la historia como el comieron perdices del mundial de Sudáfrica, donde los ingleses, que además de utilizar los elementos a su favor y de robarnos el peñón, ahora se meten con Casillas a través de «la Carbonero». Y ya se sabe, los holandeses han sido tradicionales aliados de los ingleses, lo mismo que enemigos nuestros, como los belgas de los holandeses. Ayer estuvimos más unidos que nunca los belgas y los benalupenses. Yo ya le he dicho a Floren que tiene que meter platos de pulpo en su carta.
Es curioso que la otra guerra mundial, la segunda, también se selló simbólicamente con un beso y precisamente, el día que Iker besa a Sara, muere Edith Shain. La enfermera estadounidense que en 1945 fué retratada mientras besaba a un marino para celebrar el fin de la Segunda Guerra Mundial. Era como si la besadora de la paz le pasara el testigo a la Carbonero, aunque en España la iniciativa siempre la lleva el hombre. Pero, además, el nuestro es más de verdad, Edith no solámente no era la novia del marinero, sino que ni lo conocía siquiera. Y eso por mucha guerra mundial que se hubiera ganado…
Otro de los besos famosos fue el que protagonizaron Burt Lancaster y Deborah Kerr en una escena de ‘De aquí a la eternidad’ . La película es de 1953 y en esa época, aunque fuera de película, la escena se las traía ya que la española besaba de verdad, porque a ninguna le interesaba besar con frivolidad. Yo recuerdo una conferencia en los Scout del 69 en la que saque la conclusión de que los mismo que el sexo sexo era exclusivo del matrimonio, el beso con lengua era propiedad de los noviazgos muy formales, pero muy formales. Ese convencimiento me sirvió para justificar por mucho tiempo porque ligaba lo normal, es decir, nada. ¡Y la playa para bañarse y enfriarse los malos pensamientos!
La mujer de la tercera foto no es española. Es de 1950, está hecha en Francia, más concretamente en la puerta del Ayuntamiento de París y se vendieron muchas copias amparadas en la naturalidad, dulzura y espontaneidad del momento. Pero, en 1992 se descubrió el pastel y todo el mundo supo que se trataba de dos actores que posaron para Doisneau, el fotógrafo.
El beso de Sara Carbonero es de verdad, por mucho que los ingleses (en quien manda la derecha) se inventen ahora otra patraña diciendo que los carboneros a su carbón o los holandeses digan que ganamos el mundial por los arbitros ¡Vae Victis! El beso de Iker y Sara no es el de dos desconocidos, dos actores en una película o en una calle de París. Es de verdad, además de por ser española, porque el día después que los catalanes nos dan el enésimo ultimatúm, la roja con la camiseta azul, la de respuesto («creíamos que íbamos a ganar los rojos y hemos ganado los azules») pone a los holandeses en su sitio. Lo mismo que en en 1648 (años en los que también hay conjuras por Medina), pero esta vez tampoco los holandeses se ha salido con la suya. Supongo que los dos segundos en los que Casillas se piensa si le va a dar el beso a Sara, medita sobre si los ingleses van a seguir intentado desestabilizarlo con los elementos. Pero Casillas, armado en la portería, es invencible. Por cierto, que me perdone quien me tenga que perdonar, pero el que suscribe con una novia como la Carbonero no se lo hubiera pensado ni una milésima de segundo y, evidentemente, si hubiera estado desestabilizado todo el mundial. Pero a Casillas, ni Sara Carbonero lo saca de sus casillas. Y es que los españoles cuanto peor estamos más damos de nosotros. En el siglo XVII, mientras que la crisis hacía estragos, la leyenda negra aumentaba y el sol se iba poniendo, Velázquez, Góngora, Quevedo… convirtieron el siglo en oro. El desastre del 98 tuvo que ser muy malo, porque siempre se ha dicho que ¡más se perdió en Cuba!, pues bien van Machado, Baroja, Unamuno, Azorin y compañía y se convierten en la generación de plata. Y ahora, cuando los alemanes, los ingleses, los holandeses… quieren dejarnos en la banca rota, pues ahí están Iker, Pujol, Ramos… y se hacen de bronce, no se arrugan (Alonso estuvo a punto pero aguantó) y ganan nada más y nada menos que el Mundial de Sudáfrica. Estaba claro, este año era nuestro o de los griegos y a estos los argentinos les metieron dos goles andando. Pero esta vez ni ingleses con su Times of London, ni los alemanes, ni los holandeses han podido impedir que cumplieramos con nuestro sueño imperial. Y encima va Casillas y se lo restriega a los ingleses. Por eso decía al principio que el beso de Casillas y «la Carbonero» (nació en la provincia de Toledo no en los Alcornocales) se va a quedar como el icono de este mundial. Y el beso había que darselo, eso sí, después de ganar el mundial, pero había que darselo. Es como si dejáramos de comer la especialidad de la casa del Patachula porque Paul haya acertado lo que tenía que acertar. Por cierto, que España no se retira, como Paul, en el próximo mundial también podemos, los únicos que dan un paso atrás son los pulpos y los cangrejos. Si nos eliminan, como antes, pues nada, hay que morir, como los hombres, con las botas puestas.

Que me perdone mi amigo Norberto, pero es la segunda vez que le fusilo un vídeo. Esta vez se lo compensaré con un Beafeater en lo del Chori.

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