Víctor Martínez Guerra dice en una revista del Punterazo :«Pues yo me atrevería a decir que nosotros, los niños de esas generaciones, fuimos los primeros «ocupas» que soportó en aquellos tiempos la Alameda». Pasando posteriormente a describir los enfrentamientos de aquellos niños y los municipales de la época (Manolo, Miguel, Muriel) porque unos querían jugar libremente a la pelota en su Alameda y otros, mandados por los de siempre, se lo impedían. Por cierto que este año ha vuelto a ver problemas por jugar en la Alameda y hay por ahí una foto de niños jugando al fútbol pero disfrazado, escenificando la relación entre carnaval y maratón a la que luego me referiré (seguro que no me llega esa foto). Y llegó la transición democrática y ese espíritu de libertad y participación ciudadana que a modo de espejismo revolucionario invadió España, Benalup de Sidonia incluída, hizo que apareciera el maratón y la ocupación efectiva de la plaza por la masa popular. Pese a que hubo quien llamó al alcade de Medina de turno y al ver el panorama pagó su cerveza y no se atrevió contra el curso de la historia. Como se dice en la editorial del número 1 de la revista El Punterazo: «La Alameda estaba pasando de ser «el patio de mi casa particular» a verdadera plaza del PUEBLO». Pero, curiosamente también estaba pasando de ser el lugar central del pueblo a serlo secundario, sufriendo como sufren aquellos que han perdido el poder, porque como dice Rodríguez Ibarra: «Cuando uno deja el poder, se vuelve invisible» y la invisibilidad es tan dura como la muerte, pero con la diferencia de que con la primera no pierdes la conciencia y que con la segunda sí y por tanto no te percatas. Pero hay dos momentos en el año, (además de la fiesta de la Vaquilla y algunos ritos religiosos culturales como las bodas, entierros, bautizos, comuniones…) en los que la Alameda recupera su protagonismo y centralidad perdida. Me estoy refiriendo al carnaval y al maratón, las dos fiestas por excelencia de la participación. Dice Sito:
se convierte en teatro.
Y los álamos del Santos
hacen de forillo sin contrato.»

