Víctor Martínez Guerra 1997
… Fijaos bien que he dicho jugar «a la pelota», no al fútbol ni al futbito, palabra que creo que ni existía… Está de moda ahora la palabra «okupa». Pues yo me atrevería a decir que nosotros, los niños de esas generaciones, fuimos los primeros «ocupas» que soportó en aquellos tiempo la Alameda.
…Pocas personas estaban en el pueblo a favor de aquella especie de travesura deportiva que, además de quitarle a la plaza su vacío y su frialdad, robaba a un tiempo la tranquilidad y el reposo de los vecinos más cercanos. Y, en tanto que jubábamos, teníamos que ser continuos vigilantes de la inevitable llegada de los queridos guardias municipales (Manolo, Miguel, Muriel) que aparecían en el momento más inoportuno por cualquier calle o vericueto, y de los que había que huir a toda prisa, para salvar el pellejo de sus concienzudos vergajazos y, sobre todo, por la pérdida segura del balón.
Juan Coca 1998
… El Marathón y su semana cultural ¡tiene tantos ángulos desde los que podemos verlos!:
Ahí está la gente. Expectante, sentimental… quienes entre copa y copa paladean en tertulia con los amigos, las jugadas y los goles…
Ahí están los niños. ¡Soñando con participar en su fiesta infantil!, adquiriendo a la vez de sus mayores, valores tan nobles como la amistad, el compañerismo o la comprensión…
Ahí están los organizadores. Desde los pioneros hasta los actuales. Labor a veces ingrata, callada siempre y nunca suficientemente reconocida…
Ahi están los deportistas… Ahí están las sufridas esposas, madres, novias… Ahí están los árbitros ¡Nunca podremos agradecerles su callada labor!…
Ahí está la Alameda. Remozada en la actualidad y siempre vieja.
