En la segunda república la España exaltada o izquierdista pretendió lograr un modelo de sociedad que la España moderada o derechista no estaba dispuesta a consentir. La Guerra Civil no sólo fue una lucha por imponer un modelo de vida, sino también por borrar, por exterminar, por eliminar por seculam seculorum la otra España, obviamente respectivamente. Ganaron unos y perdieron otros, como se decía en Las bicicletas son para el verano no había llegado la paz, sino la victoria, por mucho que aquel lema de los 25 años de paz intentara convencernos de lo contrario. La derrota fue dura, muy dura. La familia Reyes Estudillo es un ejemplo más y Pilar Reyes Monroy me manda el
siguiente texto, tan significativo y profundo que resulta precioso y escalofriante: «A mediados de los años 50. Mi padre José Lino Reyes Estudillo, compró una radio, según él decía a todos era para que sus hijos y su mujer pudieran oír música, y las novelas que por entonces se radiaban. Ya que era el único lujo que nos podíamos permitir. Pero no sólo era ese el motivo de tener la radio. Cuando llegaba la noche, mi padre la ponía en la cama junto a su cabeza, y la tapaba con la almohada, para amortiguar la voz. Mientras él la oía, mi hermana María Luisa y yo estábamos en el patio vigilando, por si se acercaba alguien. Pues si alguien le delataba o pasaba la guardia civil y la oía le llevaban derechito al cuartel, y le daban palos hasta que se cansaban. Él ponía La Pirenaica. Siempre con la ilusión de oír alguna noticia de su hermano Antonio. Que él pensaba estaría en Francia. Pues desde que se separó de él en 36 en la toma de Málaga, la única noticia que había tenido era una carta que procedía de allí, que había recibido su madre. Pero con el paso de los años su ilusión se fue desvaneciendo y nuca supo de él».
En la fotografía Antonioy José Lino Reyes

es un onor escribie a mi tierra