Tradicionalmente se le ha dado mucha importancia historiográfica a los Sucesos del 33, pero siempre desde el punto de vista de sus implicaciones en la política nacional. Poco se ha tratado el tema de las víctimas del pueblo y sus repercusiones en su vida posterior. Sobre ellas se impuso una losa de manipulación y silencio. Un caso especial fue el nieto de Antonio Barberán Castellet. Salvador del Río Barberán fue una de las víctimas de los Sucesos de Casas Viejas que más salió en la prensa y que su caso trascendió las fronteras locales y provinciales para ser conocido a nivel nacional. Salvador era un muchacho de 13 años que vivía con su abuelo Antonio Barberán Castellet en la calle Medina, por encima de donde hoy se ubica el hotel Utopía. Era el día 12 a las siete y algo de la mañana, Rojas había mandado a dos patrullas que rastrearan por la calle Nueva y Medina y que les trajeran prisioneros anarquistas, mientras controlaba la situación desde la mesa, en donde hoy están las pistas verdes. La patrulla de Sancho con el guardia de asalto Luis Menéndez, tres más y el guardia civil Juan Gutiérrez López llegó ante la casa de Antonio Barberán Castellet. El anciano de 74 años se acababa de levantar. Le acompañaba su nieto Salvador del Río Barberán. Parece que estaba sentado en la puerta de su casa cuando vieron llegar a los guardias. A pesar de sus gritos dispararon. Barberán fue alcanzado detrás de la puerta y murió. Su nieto logró ocultarse. Como declaró Salvador del Río a la comisión extraoficial :” “SALVADOR DEL RÍO BARBERÁN. Niño de 13 años. Manifiesta en resumen que el día de los sucesos su abuelo, Antonio Barberán Castellet, estaba levantado fumando su pipa y él acostado. Serían las 7 ó las 8 de la mañana. El abuelo le dijo: “Voy a ver si está el sol ya fuera” y abrió la puerta. Como le diera ya el sol se sentó en la silla y dejó la puerta abierta. A poco llegaron los Guardias de asalto diciendo: “alto, fuera” y disparando. Entonces yo me levanté, salí y dispararon más los guardias y cayó mi abuelo. Mi abuelo había dicho “no tirar que no soy anarquista” y yo les dije “no tirar a mi abuelo que no tengo padre, ni madre”; después de muerto mi abuelo el Guardia Civil Gutiérrez me acarició y cuando se marchaban los Guardias cogí unas cosas del suelo y les dije “Que se les ha caído esto” contestándome “tira eso chico que no son merengues”. Aquella noche había dejado mi abuelo la puerta entreabierta y las balas que mataron a mi abuelo la traspasaron. Los guardias eran cuatro de asalto y un guardia civil que se llama Juan Gutiérrez”. Arriba Salvador del Río con un periodista en la puerta del cementerio del Cañuelo, en el centro en la calle Medina con unos amigos en los años cincuenta, abajo en Cádiz en el juicio.
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