El hermano Antonio era un buen personaje. Os puedo decir de él que era una persona afable, simpático, muy dicharachero con los chiquillos. Estaba muy bien educado, nos daba estampitas y algo nos enseñó por aquellos tiempos. Estamos hablando de los años cincuenta. Cuando fue pasando más tiempo fue cambiando. Se volvió un poco arrogante y no parecía la misma persona. Vivía en casa de Pepito Fernández, en la cuesta de Espina, luego desaparecía una temporada y volvía otra vez. Una de las últimas veces que vino ya se quedaba en la Orativa. Le dio por la bebida, y una noche cuando iba para allí se cayó por las canteras que había donde está hoy en día el Ayuntamiento y se partió un brazo y una pierna. Yo no lo volví a ver más.
