Desde otros lugares también huyeron a la zona republicana. Es el caso de Juan García Jiménez “Que se encontraba en la dehesa del “Picacillo” de este término, propiedad de D. Juan Vela Morales, dedicado a los trabajos de descorche».  O el caso de Sebastián Pavón Pérez y Francisco Jiménez Candón “Que en la fecha antes expresada se encontraba en la dehesa del Zapatero, de este término, trabajando en el descorche». Al contrario que en temporadas normales no fueron a casa cada quincena, sino que estuvieron todo el tiempo en la finca, huyendo una vez terminadas las tareas del descorche.  Pero además de esta faena, que sin duda era la tarea mayoritaria de estos benalupenses que se pasaron a la zona republicana, otros hacían otras, como Miguel Guillén Quiros que :”el movimiento le sorprendió segando en el cortijo Alcántara, propiedad de Juan Vela Morales”, O José Ríos López que declara: “Que en la fecha antes citada se encontraba en el cortijo de Malcocinado, de este término municipal, segando en la Colectividad de dicho sitio. Que en el mes de septiembre de dicho año se pasó a la zona Roja por el miedo que le produjo al ver que la Guardia Civil tiroteaba a unos individuos que corrían en el cortijo de Malcocinado” O el caso de Antonio Durán Fernández “Que en la fecha antes citada se encontraba en la dehesa de Espartinas, de este término, propiedad del Marqués de Negrón, cortando leña.”. Lo que está claro es que todos los que huyeron a la zona republicana pertenecían a los escalones sociales más bajos y la guerra les sorprendió en faenas relacionadas con el campo y la fecha en que empezó la guerra. Por eso una vez en la zona republicana siguieron dedicándose mayoritariamente a faenas agrarias, siendo muy pocos los que se enrolan en el ejército republicano y los que así lo hacen será al final de la guerra, forzados por las circunstancias adversas de la República. Todas las guerras son absurdas y la española lo es más, sobre todo, por lo cruenta, el carácter de civil que tiene y el intento de ambas parte de exterminarse mutuamente. El grado de absurdo de la Guerra Civil en Casas Viejas se hace superlativo, sobre todo si nos detenemos en ese casi centenar de jornaleros vagando por medio España, sin oficio y beneficio, que se han marchado de su tierra por miedo de las represalias de uno de los bandos y que el otro no sabe que hacer con ellos y en que colocarlos. Pero eso será objeto de las próximas entradas.
La foto es de Mintz en los años  sesenta.

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