He terminado de leer el libro sobre los Sucesos que coordinaron Jose Luis Gutiérrez y Gerald Brey. Como ellos mismo dijeron se trata de un libro de consulta no de lectura integral. Hay algunos artículos que me han gustado mucho, otros menos, y otros que están ahí para consultarlos cuando sea necesario. Se está vendiendo en todas las librerías y papelerías del pueblo, a mí me parece que es un libro imprescindible para quien esté interesado en la historia de Benalup-Casas Viejas. Reproduzco el artículo que más me ha gustado de todos. 
En 1928 el pintor sevillano José Arpa Perea visitó a su compañero José Rico Cejudo en su estudio. Acababa de llegar de San Antonio, en Tejas, donde vivía hacía años, y preparaba una exposición en el Círculo Mercantil de la ciudad hispalense. Para recordar el encuentro se hicieron una fotografía junto a otro conocido: el periodista Joaquín López San Miguel. Ambos estaban lejos de pensar que, cinco años después, unos acontecimientos que conmovieron a España, la matanza de Casas Viejas, iban a unirles de nuevo de forma involuntaria.
López San Miguel estuvo entre los periodistas que llegaron a la aldea la tarde del 13 de enero de 1933 y uno de los cuadros que Arpa expuso en 1929 en el casino de la calle Sierpes, Chumberas en flor, tiene una turbadora similitud con una de las fotografías más famosas de aquellos sucesos: la vista general que de la población gaditana realizó José Demaría Vázquez Campúa el martes 14, en compañía del periodista madrileño Julio Romano.
Cuadro y fotografía nos muestran un paisaje parecido desde un prácticamente idéntico encuadre. En primer plano un seto de chumberas que los atraviesa de lado a lado. En uno posterior un panorama fácilmente identificable como de la Andalucía de aquellos años. Al fondo, en ambos, se elevan columnas de humo.
Tanto Arpa como Campúa lo conocían bien. Eran habituales en sus natales Carmona y Jerez de la Frontera. Dos de los lugares símbolos de la terrible situación de unas comarcas marcadas por una desigualdad social e injusta estructura de la propiedad. En las que unos pocos tenían mucho y los más muy poco. Las chumberas hacían de vallado de esas tierras que sobraban a los primeros y eran oscuro objeto de deseo de los segundos. Cerco natual que, si era preciso, se completaban con otros, como en el caserío de chozas, de adobe y paja en su mayoría, de la fotogrfía que se extienden, como cercadas por las tunas, a los pies de la iglesia, imagen de otro de los poderes esenciales andaluces.
Dos artes íntimamente relacionados y un mismo tema: el mundo rural andaluz en vísperas del acontecimiento que marcaría un antes y un después en la historia contemporánea española: el golpe de Estado de 18 de julio de 1936, su fracaso y la revolución que le siguió.

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