En el campo la preponderancia absoluta es para  la Sierra. Anotar que no se tiene en cuenta lo que hoy es de B/CV o Medina porque en esa  época esta zona era incuestionable que pertenecía a Benalup de Sidonia. El pago que más corcheros presenta en la lista es el Alisoso con seis (José Correro Navarro, Rafael Cruz Castro, Antonio Estudillo García, José Márquez Pacheco, Sebastián Mateos Estudillo y Juan Estudillo Ruiz), Zapatero con cuatro (Alfonso y José  Alvarado Domínguez, Antonio Rodríguez Barrena y Antonio García Ortega), Cañada Cebada con tres (Baltasar Serrano Pérez, Antonio Torres Aguilar y Francisco Peña Pérez), dos de los Escudetes (Juan Estudillo García y Francisco Ochoa Serrano), dos de Gallardo (Manuel  Mateos Estudillo y Diego Ruiz García) y uno de las Gargantillas (Manuel Ruiz Cruz), Algamitas (Manuel Gallego Suárez), Valcillas (José Romero Torres), Lagunetas (Manuel Mateos Ruiz) y Picasillo (Juan Cruz Castro). En cuanto a los años trabajados doce lo han hecho menos de diez, veintiuno de diez a veinte años y  diecisiete más de veinte años. La mayoría por tanto pertenece a la segunda o tercera generación de corcheros o hacheros como lo llama el documento. Téngase en cuenta que hasta el segundo tercio del siglo XIX no empieza la extracción intensiva del corcho en la zona. En cuanto a la edad hay tres que tienen menos de veinte años, los cuales se incorporaran en este año 1938 al ejército Nacional, veintisiete entre treinta y cuarenta y cinco años y veinte con más de cuarenta y cinco años.

Como en otros sectores del campo una de las luchas más fervientes de los trabajadores es la eliminación del destajo en el descorche. En tiempos de la república consiguen que se generalice la práctica de jornal y que estos tengan un precio elevado. Cuando llega la guerra, pese a que baja la oferta en el mercado laboral los precios también bajan, aunque en estos años se sigue manteniendo el trabajo a jornal. Con el trabajo a jornal son más días los trabajados en el tajo y más las personas requeridas para llevar a cabo la faena. Con el destajo son menos los recogedores, desaparecen los ayudantes de cocina e incluso a veces hasta el aguador. También con el jornal la peligrosidad de la faena se reduce… Las razones de que los propietarios opten por el jornal en esta época hay que buscarla en la baja salarización que en estos momentos se produce. Los propietarios no eran ajenos a las repercusiones negativas que el dar la faena por cuenta generaba en la arboleda. Eran conscientes de cómo se resentía el árbol que criaba con peor calidad las corchas en las sucesivas pelas, que, por otro lado, también repercutía en la carga de bellotas. Y los propietarios aprovechan los bajos salarios para ejecutar el trabajo a jornal. (Agustín Coca).
La fotografía de Mintz
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