La Atlántida (XXIX)

21 JUL 2011 14:34

Dado que el día anterior había escrito una columna sobre las dos posibilidades de derruir la memoria, bien con el silencio bien con la conmemoración obsesiva de los hechos quise ver la modalidad de Casas Viejas en vivo y en directo. Así que entré como una fiera batalladora en la oficina de turismo del pueblo.

—A ver, el lugar de la masacre, ¿dónde fue?

La muchacha me miró despavorida.

—La masacre, ¿qué masacre?

Reaccioné con notable satisfacción, como siempre que tengo tema, y mucho más si es el que busco, y si cuadra con mi maldad. Yo soy ese para el que escribió la Malcolm. Le expliqué a la muchacha de qué trataba la masacre. Me escuchó con atención y al yo acabar sonrió.

—Ah, pues muy bien, yo creo que puede haber algo en este sitio que tenemos. El centro de interpretación de la Prehistoria —y me alargó un folleto.

Salí al aire libre. No es una anécdota graciosa, si se piensa en los licenciados en Historia que barren suelos. Sí es una buena metáfora para saber dónde deposita la izquierda sus vergüenzas. Di unas cuantas vueltas. En el Hotel Utopía, donde están escaldados una joven desabrida declaró que el tema del hotel son los años 30 y no Casas Viejas y que eran paparruchas las que se cuentan de que el hotel se alza en el terreno de la choza incendiada del anarquista Seisdedos.

Seguí andando. En las traseras del hotel hay una suerte de construcción moderna hecha de metales y rastrojos, que acaso quisiera evocar la choza. Pero ningún texto, placa o lápida alguna, identifica el propósito. Volví donde la desabrida.

—¿Y eso de ahí atrás?
—Parece que quieren hacer un museo. Pero no está hecho. No sé, esto ya no es el del hotel, no puedo decirle.

Algo interrumpido, castrado, avergonzado, eso parece. Anduve infatigable. Ni rastro en Benalup-Casas Viejas de la matanza. Ni un túmulo. Ni un nombre en una calle. Eso sí, me aseguraron que los huesos reposan en el cementerio. No está mal. Yo, como Hofstadter, solo sé pensar por analogías. Ahora imagínate lo que sería este pueblo, qué procesiones cíclicas, cuánta memoria incluso contra la historia, si la policía hubiera estado al mando de la derecha republicana.

Fui a sacar dinero del cajero, que voy mal. Una chica muy limpia hacía lo mismo. Le pregunté dónde podía servirme un poquito de historia. Incluso con un poco de memoria me conformaría. Me miró. Me vería muy afectado. Se rió. Y con lógica indescriptible me dijo:

—En el bar de Ricardín.

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