De los otros dos, José Durán y Jordán, no tengo datos concretos. Pero, posiblemente haya historias parecidas. Esas que incluye el proceso hacia la deseperanza. Primero, esperanza alta, porque aunque está en Francia, ha escapado de la persecución franquista, esperanza que se mantiene fortalecida por las cartas de los primeros meses y las noticias que les llegan de otros que se encuentran en parecidas circunstancias. Después la desesperanza sustituye a la primera al ritmo del silencio que impone la ruptura de la comunicación con el fallecimiento. Esta es una posibilidad que admite la familia, pero que no se quiere contemplar claramente para darle menos posibilidades de que sea cierta.
Pasan los meses, los años… el silencio y la desesperanza van de la mano. Se hacen las gestiones que se pueden porque, como dice el refrán, es la esperanza lo último que se pierde. Y aunque el silencio es grande e impuesto, llegan noticias esperanzadoras de que puede estar en México, en Argentina o en Rusia. Pero el peso del silencio y el olvido oficial es muy duro, demasiado pesado. A finales del siglo XX van confirmándose con rotundidad lo que ya se sabía. Aquellos familiares, cuyos nietos han mantenido el rescoldo encendido obtienen la tímida recompensa de saber datos concretos de la muerte de su abuelo. Ayer estuvo en B/CV Francisco Nieto Reyes, el nieto de Antonio Lino y recordábamos todas las vicisitudes por las que pasaron hasta descubrir la muerte en Mauthausen de su abuelo, incluida una carta que llegó a la Guardia Civil del pueblo a principios de los noventa preguntando datos de Antonio Lino Reyes Estudillo. Son las típicas coincidencias que nos confirman que la vida es un pañuelo. En otras familias todavía no se sabe con certeza el destino final de su allegado. Como decía Serrano Suñer, en aquella España de los cuarenta, estos rojos españoles no eran españoles, tampoco lo fueron posteriormente. No sabemos los trámites que siguió la carta de Manuela Vidal Mendoza, tampoco conocemos si llegó al Ministerio de Asuntos Exteriores, lo que sí estamos seguros es que no surtió los efectos oportunos. Su hijo, un español  rojo olvidado más, siguió «habitando en el olvido». Aún hoy queda mucha gente que no sabe si su padre o su abuelo murió en un campo nazi, pues el muro de silencio administrativo enmascaró lo ocurrido e intentó que se olvidara. El monumento dedicado a las víctimas griegas en Mauthausen reza: “Das Vergesseb des Bösen ist die Erlaubnis zu seiner Wiederholung” (Olvidar el mal pasado es permitir que se repita).
Uno de los hechos históricos más conocidos es el holocausto judío. Películas como El niño del pijama de rayas, La vida es bella o La lista de Schlinder así lo han posibilitado. Siempre que las veo comparto la misma rabia e indignación por lo ocurrido. También me irrita que poca gente sepa, porque así ha interesado que sea, que «miles de republicanos españoles fueron asesinados en las cámaras de gas, en los experimentos médicos, los patíbulos colectivos, los ametrallamientos en masa, los trabajos forzados llevados más allá de toda posible resistencia o simple y sencillamente la privación de toda alimentación hasta producir la muerte por inanición». De ellos cinco jandeños, de los cuales, salvo el caso de Antonio Lino, conocemos pocos datos y detalles. ¿Por qué el holocausto judío ha sido tan estudiado y difundido y el español tan ocultado y olvidado? Posiblemente la causa haya que relacionarla con el hecho de que Hitler perdió su guerra y Franco ganó la suya. Ese es el peaje que hemos tenido que pagar. Curiosamente Mauthausen significa «casas del peaje«
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