Hay pots que los hacen las fotos. Estas tres de Mintz son magníficas. Se refieren a los gañanes y las gañanías.  Las voy acompañar de dos textos. Unos versos de un alcalaino y una anécdota de Antonio Maura. En Alcalá de los Gazules el ayuntamiento tenía la buena costumbre de sacar por las fiestas de San Jorge una revista con temas históricos, denominada Apuntes Históricos y de Nuestro Patrimonio. De ahí he sacado material para muchos pots. El de hoy va sobre los gañanes y es una poesía de  Baltasar José Trujillo

...Ha llegado el mediodía
El gazpachero llega ya,
y sobre el burro el gazpacho
que comerá el gañán.
Un círuculo se ha formado,
y el gran dornillo en el centro está.
Todos cogen la cuchara
¡cuchará y paso atrás!
Así pasará el siguiente
y lo mismo el hará.
Después de haber comido
un cigarrito echarán.
Ya el sol se va poniendo,
se tiene que regresar,
Con el cuerpo dolorido
y barro hasta las rodillas,
como sonámbulos irán.
A la gañanía a descansar,
sobre un poyete un saco de paja,
y dormidos quedarán.
Un olor a sudor y piés
difícil de soportar.
¡Treinta gañanes sin fuerzas
ni siquiera para soñar!
Han pasado quince días
y al pueblo regresarán,
devestía que así lo llamanpara poderse lavar
y entregar a sus mujeres
unas monedas nada más
y con ellas a su familia
malamente alimentar
… Trabajadores del campo
que nadie recuerda ya
todo el trabjo que han hecho
sin apena ganar ná.
No ha sido reconocido,
ni nunca lo será.
Mis respetos para ellos,
¡héroes de esa antigua sociedad!

Se cuenta la anécdota sobre que fue un día el viejo Antonio Maura, presidente conservador de la primera mitad del siglo XX, a visitar a un viejo amigo terrateniente. Este se jactaba de tener las mejores instalaciones del país. » Aquí duermen los puercos, aqui las puercas – decía el terrateniente -. Todo estaba limpio, claro, reluciente.» Y llegaron a una cuadra inmunda, alfombrada de paja y sacos viejos. ¿ Qué es esto ” – preguntó Don Antonio Maura -. Este es el lugar donde duermen los gañanes – le respondió el dueño de la finca -. Y entonces Maura le avisó, a modo de consejo: «Pues… procure usted que no despierten”. Y no despertaron, que se sepa.

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