«Hoy que te amo, dejará de ser
Pero la más conocida de este cantautor era «Tiene que llevar a cántaros», un himno a la esperanza y a la libertad que sirvió de asidera para muchos a finales de la dictadura y a principios de la transición en aquellos años que necesitábamos esperanza y libertad, y si no nos las inventábamos. Un icono como Libertad sin ira de Jarcha, Andaluces de Jaen de Paco Ibáñez, «L estca» de Llac o «Al vent», de Raimon. Cuando nos despedimos de la gente de Oliva yo le regalé a María Isabel mi joya más preciada, la cinta de casette de Paco Ibáñez en el Olimpia y ella a mí la cinta de «A cántaros». Sé que la tengo todavía por ahí, en el rincón de donde habitan las cosas abandonadas y el olvido.
Anoche Pablo Guerrero con sus amigos de toda la vida Luis Mendo y Nacho Sáenz de Tejada nos dieron el concierto que más me ha emocionado y gustado de todos los que yo he visto en Utopía. Alguien dijo antes de que comenzara que la gente piensa que el hecho de que haya poco público es un inconveniente, pero que ocurre todo lo contrario, que es en esta atmósfera donde se produce la magia, la complicidad y la connivencia de los grandes conciertos. Y efectivamente tenía razón. Pablo Guerrero siguió demostrando que la frontera entre sus canciónes y la poesía no es nítida, que la sensibilidad, el intimismo y el optimismo rimaban muy bien con el ambiente utópico de Utopía, como él se encargó de apuntar al principio del concierto. A Manolito de los jardines le gustó mucho la canción de sueños, a mí también.
Tus sueños descienden como lluvia. Tus sueños acuden si los llamas. Tus sueños viven más que tu vida. Tus sueños se instalan en tu casa, se instalan en tu casa. Tus sueños son posibles, tus sueños son posibles, tus sueños son posibles. Tus sueños son posibles, tus sueños son posibles, tus sueños son posibles.
Pero evidentemente la canción que esperábamos llegó al final. Durante la canción desfilaron por mi cabeza treinta y tantos años. Desde la transición donde tiene que llover era una semilla del encanto, hasta ahora que tiene que ser un antídoto contra el desencanto. Estamos hechos de tiempo y algunos de canciones como esta. Es una pena que hubiera tan poca gente en el concierto, es una pena que parezca que la poesía no cala, no vende, no atrae. Es una pena que podamos sentir pena porque la nostalgia ya no es como antes. Es una pena que esté cayendo la que está cayendo y que tengamos amenazado el libre albedrío y la ilusión. Pero desde hace cuarenta años mucha gente se ha refugiado en esa canción para no perder lo último, lo básico, lo que no podemos perder; la esperanza y la libertad. Porque como dice la canción:
Y la verdad, si estás cosas te las dice un viejo maestro curtido por la vida y por los años, como Pablo Guerrero, con esa mezcla de desaliño y elegancia a lo Leonard Cohen te las tienes que creer, vivir y soñar.
