Hoy os vuelvo a traer dos audios de Los niños llorones, de 1966. Se trata de un audio que, gracias a Carla Mintz, se ha rescatado del olvido.
La primera copla va sobre Juan Sánchez, Ranchovinagre, el taxista. Es la típica copla laudatoria hacia un personaje del pueblo. Se le alaba su veteranía, «su simpatía, talento y formalidad», además de su colaboración con todo el mundo. Cuando estaba escuchando esta copla, me acordaba de su última colaboración, con la compañía El hijo de la luna, en la recreación de los sucesos de Casas Viejas. Aunque las condiciones físicas ya no eran las idóneas, las ha suplido con sus ganas de colaborar y ser útil. Observé que al terminar la actuación y recogerlo Ricardo, no quiso irse a su casa porque tenía que ir a saludar al parque del antiguo cementerio, donde terminaba la representación. Me pareció todo un ejemplo de servicio y de las consecuencias positivas que tiene sentirse útil. Otro de los aspectos positivos que ha tenido esta recreación.

Por otra parte, quiero resaltar que Manolo Lago, el letrista de esta copla, hace hincapié por dos veces en «sin a ninguno despreciar». También me gustaría saber a qué taxista de la época corresponde el Seat 1400, el 1500 y el Mercedes.
Ya tenemos a este pueblo
al estilo de la capital,
con estos taxis modernos,
vaya, ¡una comodidad!
Los Seat 1400
y un Mercedes hay también,
y también un Seat 1500,
del último modelo es;
el taxista es calladito,
no sabemos qué será,
pero tiene cualidades
para ese oficio llevar,
de los taxistas más viejos
sin a ninguno despreciar.
Está el amigo Juan Sánchez,
más antiguo en la ciudad,
tiene una gran simpatía,
talento y formalidad;
eso no es aprendido
que eso es suyo natural.
Cuando le sale un viaje,
siempre dispuesto él está,
con dinero o sin dinero
siempre va igual de normal.
Él ha hecho grandes favores,
a los pobres coge a todos,
él ha llevado a una enferma
y hasta su sangre le dio.
Nosotros le saludamos
sin a ninguno despreciar,
Juan Sánchez es el mejor taxi
que hay aquí en nuestra ciudad.
En la segunda copla, el letrista cuenta que su llegada al Bar Román no pasa desapercibida por dos mujeres que estaban allí tomando una Coca-Cola. La letra es todo un ejemplo de este tipo de carnaval de pueblo, que pasaba revista a todo lo que pasaba en el año, que se fijaba en todos los detalles y que lo criticaba todo, aunque fuera «Con los gorritos modernos / me parecían dos monas / de esas que vienen en el circo / del parque de Barcelona».
Un carnaval que tiene como único universo su pueblo y las cosas que pasan en él. Es una forma de control, como en este caso, que critican que las mujeres llevaran «gorritos modernos». La gente sentía verdadero pavor a los carnavaleros y a que los sacaran en el carnaval. Muestra de la ligazón de este mundo de la farándula con el acontecer diario en el pueblo. ¡Qué diferente al actual!
Salí un domingo una noche
y entré a tomarme una copa
Y en el extremo sentadas,
criticando de todo el mundo, estaban.
Daban grandes carcajadas.
«Pues ya no nos escapamos
porque ha entrado un comparsista,
que es ese que está allí sentado».
Con los gorritos modernos
de esas que vienen en el circo
«De poco me está importando»,
y una Coca-Cola se estaban tomando.