Fotografía superior. A la izquierda, en burra, el práctico. A continuación, los dos hermanos Vela Morales, ambos con rifle. Montado en el caballo blanco, Antonio Pérez Blanco y, a la derecha, de pie, Rafael Bernal. En primer plano, a la izquierda, José Espina Calatriú. Fuente: archivo Nicolás Pérez Gómez.

Hoy se cumplen cien años de la visita al Tajo de las Figuras que daría a conocer al mundo la existencia de estas pinturas prehistóricas.

El Tajo de las Figuras y los sucesos de Casas Viejas son los dos activos históricos más importantes de la zona. Los dos han sido valorados y estudiados más y mejor por gente foránea que local, los dos han sido objeto de polémicas y los dos deben conocerse, valorarse y difundirse.

Con lo que respecta al Tajo de las Figuras, el hecho de que en su cien aniversario no se pueda visitar nos debe plantear que las cosas no las hemos hecho bien: las administraciones, porque no han llevado a cabo las gestiones oportunas para que un monumento histórico como este pueda ser conocido y visitado como lo fue durante 95 años (se cerraron al público el 10 de octubre de 2008), y la sociedad civil, porque no hemos puesto este hecho entre nuestras prioridades y no hemos exigido con la fuerza y eficacia suficientes su correcta difusión y valoración. Hoy es buen día para recordarlo y reflexionar sobre ello.

El peñón donde se ubica el abrigo del Tajo de las Figuras era conocido por los lugareños con dos nombres: con el de «Las Figuras» y con el de «La Segura». Esto se deduce de las informaciones del coronel Verner en su artículo para la revista Country Life:

Tuve la primera información definitiva de su existencia en mayo de 1901, cuando viajaba a través de un puerto de montaña entre el extremo norte de la laguna de La Janda y Gibraltar. Tenía conmigo a un arriero español llamado Eduardo Villalba. Este viejo era mi fiel aliado desde los veintiocho años, hasta el momento de su muerte, y era conocido por toda una generación de ingleses que hicieron expediciones desde Gibraltar.

Al darse cuenta de un peñasco imponente que sobresale en una empinada ladera por encima de nuestra pista, que, desde su posición, era sugestivo de una fortaleza de piedra natural, le pregunté a mi compañero.  Él respondió que se llamaba «La Segura» y que era bien conocido como un lugar donde se veían muchas obras de origen moro. En el conocimiento de estas llamadas «obras de los moros», que, sin duda, son muy antiguas y suelen encontrarse en forma de sepulcros en la roca, le pregunté más y él me aseguró que, además de sepulcros, había dibujos de animales, ciervos, lobos y cabras montesas, también de hombres y mujeres y «muchas otras cosas, además». A pesar de que descarté la parte de su declaración en la que se refiere a las imágenes, decidí que, si alguna vez tuviera de nuevo la fuerza para subir, me gustaría visitar el lugar, porque en aquel momento sufría mucho de las lesiones recibidas en la guerra contra los Boer y no era capaz de hacer escaladas.

El mérito del descubrimiento al mundo científico de estas pinturas hay que atribuírselo a José Espina Calatriú, médico casaviejeño. Este intuía que el valor científico de estas pinturas podría ser importante y así se lo comunicó a su colega asidonense Rafael Bernal Jiménez de Trejo, que ejercía su profesión en Cádiz. A principio de siglo, la zona era objeto de numerosas visitas y en ella confluía una gran variedad de transeúntes, desde bandoleros, contrabandistas y furtivos hasta reputados profesionales que buscaban cazar o estudiar la rica fauna y vegetación de la zona.

Dichas visitas convivían e intercambiaban información con la población local, proveniente de Medina o el Valle del Genal y establecida en la zona a raíz de los repartos de las suertes del siglo XIX; en la mayoría de los casos, habitaban en chozas y vivían de la caza, el carbón, el corcho y la recolección de frutos.

En el grupo de los reputados visitantes destacaban los cazadores, estudiosos ingleses que venían de Gibraltar y un grupo de médicos gaditanos que pasaba días de asueto en la zona aprovechando la rica caza del entorno.

Un artículo del Diario de Cádiz, del 18 de noviembre de 1919, relata este tipo de cacerías. Como se aprecia, se asemeja a una crónica de alta sociedad:

En la dehesa de «Las Gargantillas» se ha celebrado una montería organizada por el Sr. D. Antonio Segovia, de Puerto Real, estando muy animada y concurriendo entre otros los señores siguientes que recordamos: de Puerto Real, D. Antonio Segovia y D. Pedro Guerra; de Alcalá, D. Mariano y D. Julio Toscano, y D. Vicente Fernández Piñero; de Medina, Don Rafael Martín y don Francisco Montes de Oca; de Casas Viejas, D. José Espina, D. Federico Ortiz y D. Juan y D. José Vela Morales; de Arcos, don Francisco Pina y de Sanlucar, D. Eduardo Hidalgo.

Dicho lo cual, hasta el 19 de abril se puede ver la exposición que ha organizado el IES Casas Viejas con la colaboración del Ayuntamiento con motivo del cien aniversario. Después se llevará a Las Lagunetas, a la Venta Enrique, un lugar idóneo, ya que una parte de la exposición trata sobre la vida en la sierra.

Reverso de la foto superior.

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