La tienda de Montiano, donde se vendía vino y café, al mismo tiempo funcionaba como posada en el piso de arriba, con el nombre de posada San Rafael va a jugar un papel importante en los Sucesos. En la madrugada del día 11, desde su esquina se disparó contra el cuartel. También  en la pensión se escondió el cura Vera. Muchos años después de los Sucesos, cuando esporádicamente venía a Casas Viejas, a todo el mundo le enseñaba los casquillos que había recogido aquel día del marco de la ventana, incluso uno de ellos colgaba sobre su cuello, era, evidentemente, una señal de su victoria.




En la tienda de Montiano también tuvo lugar el  precedente del acto central de los Sucesos, el tiempo que va desde la quema de la choza de Seisdedos (cuatro de la madrugada) al inicio de la razzia (siete de la mañana). El bar y la posada se convirtieron en el cuartel general de las tropas de asalto, por tanto en uno de los lugares centrales de estos Sucesos.  De aquellas tres horas sabemos muy poco. A Mintz no le contaron nada, los campesinos no estaban allí. Tampoco en el juicio se habló de ello, ni en las distintas comisiones de investigación ni en los libros posteriores.  Pero hay algunos datos que nos pueden ayudar a saber por qué no sabemos. Allí, además de Rojas, varios forasteros y algunos guardias de asalto, estaban  Luís Barberán, Manuel Montiano y algunas personas del pueblo (cuyo nombre no conocemos ya que ha sido el gran secreto de estos Sucesos). El primero permaneció toda la noche en el bar porque fue detenido al confesar su cuñado Manuel Quijada que había dejado la escopeta en su casa, en la calle Benalup número 14. Manolo Montiano no había participado en nada. Era el que regentaba el bar y la pensión pero sabía demasiado. Fue encarcelado y llevado muchas veces a declarar, nunca contó nada relevante, al igual que Luís Barberán. No hablaron ni en los interrogatorios ni posteriormente a la familia o amigos. Los dos reconocían en privado que sabían cosas, pero no querían hablar, se llevaron el secreto a la tumba, seguramente relacionado con las personas del pueblo que visitaron a Rojas en aquellas tres fatídicas horas.



Y en esa misma pensión San Rafael se hospedaron también Eduardo de Guzmán y Ramón J. Sender en su visita a la aldea cuando estuvieron a punto de ser linchados por personas próximas a los grandes propietarios. Se había organizado (ellos escribieron que por parte de los propietarios) un pequeño tumulto acusándolos de ser como “elementos de extrema izquierda”, los instigadores y culpables de los Sucesos. Su última intención era lincharlos. A la mañana siguiente se fueron del pueblo, además de por la presión, porque encarcelaban a aquellos que les informaban de algo relacionado con los Sucesos. Cuenta Sender  en Viaje a la Alde del Crimen: “En la pronunciación y en el firme pisar se advierte, a través de la ventana cerrada, que siguen maniobrando los señoritos. No hay cuidado-advertimos-. La Guardia Civil hablará seguramente con el gobernador por teléfono para ver qué clase de pájaros somos y, al ver que se podría amar un nuevo escándalo y agravar su situación, los terratenientes amainarán. Así sucedió. Los propietarios intentaron que sus incondicionales nos lincharan. De todas formas, el único peligro serio que corrimos en la posada fue el de  ser devorados por las pulgas. Salimos indemnes y ahí han quedado esas notas y esas evidencias terribles de Casas Viejas. “ Este incidente es otro de una larga lista cuyo objetivo era  impedir que se conociese la verdad de lo ocurrido en Casas Viejas.
La foto es de Serrano. Lleva por título ametralladora en la plaza y apareció por primera publicada en prensa el 14-1-1933 en el Liberal. Es otra de las fotos de esa larga lista  que se hicieron el día 13 en las que domina un homenaje a la actuación de las fuerzas del orden público. La ametralladora que aparece en primer lugar es el símbolo de «la paz», es el instrumento para la restitución del orden. Luego, conforme avancen las informaciones y la polémica las fotos tomarán otro carácter.

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