Hoy se cumple el 55 aniversario del descubrimiento del tesoro del Carambolo, según aparece en el ABC de Sevilla. Estamos ante unos de los descubrimientos arqueológicos más importantes de la historia de la arqueología andaluza. De su valor da prueba el hecho de que en el museo arqueológico de Sevilla se encuentra una réplica ya que no se atreven, debido a falta de medidas de seguridad, hacerlo con el original. Así mismo, en el mismo periódico se da cuenta de que el Museo Metropolitano de Nueva York está interesado en exponer algunas de las piezas del tesoro para una muestra programada en 2014.


Hay que situarse en septiembre de 1958. En los terrenos de la Real Sociedad de TIro de Pichón se encontraba una cuadrilla de trabajadores de la construcción del benalupense Andrés Cózar. El encargo había sido asignada a Andrés por la mediación de Las Lomas, empresa a la que le hacía este sus diversas obras. Hacían obras de ampliación de las instalaciones ante el próximo torneo internacional que se celebraría en 1959. El 30 de septiembre la asada del asidonense Alonso Hinojos tropieza con un brazalete de oro de 24 quilates. La euforia se desató entre los componentes de la cuadrilla de albañiles. Siguieron excavando y encontraron un lebrillo, que contenía el resto del magnífico tesoro del Carambolo. Las repartieron entre ellos, todavía no conscientes del valor de ellas, y se las trajeron a Medina y Benalup. Enterado del caso el arqueólogo y catedrático Juan Mata Carriazo y Arroquia explico a los obreros la importancia del hallazgo y las consecuencias legales posibles. Estos decidieron devolver las piezas. Juan Mata presento el siguiente informe sobre el tesoro: «El tesoro está formado por 21 piezas de oro de 24 quilates, con un peso total de 2.950 gramos. Joyas profusamente decoradas, con un arte fastuoso, a la vez delicado y bárbaro, con muy notable unidad de estilo y un estado de conservación satisfactorio, salvo algunas violencias ocurridas en el momento del hallazgo». Así estableció que estas piezas pertenecían a un período comprendido entre los siglos VIII y III antes de Cristo, señalando: «Un tesoro digno de Argantonio», legendario rey de Tartessos».



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