La fotografía está realizada desde la calle San Juan, en la puerta del bar de Manolo Flor. Aparecen, en primer plano y de izquierda a derecha, Fernando Cózar Cabañas, Rafael Mera y Manolo Benítez. En un segundo plano están Manolo Flor, Juan Pinto y Manolo Gutiérrez Bancalero. En la primera mesa hay tres vasos de café vacíos que da toda la impresión que llevaban mucho tiempo consumidos, pues la estancias en los bares eran largas y el dinero para gastar escaso.



Manolo Flor heredó el bar de su padre cuando tenía dieciocho años. En el solar también se encontraba la vivienda (donde nacieron el propio Manolo y todos sus hijos), un cuarto de reservado, la cocina, un patio, varios dormitorios y un cuarto al que llamaban la cuadra, porque el abuelo de Manolo Flor había tenido allí burras para transportar el aceite que vendía. En el bar se servían vinos y algunas tapas, y se jugaba a las cartas y al dominó. Por un documento del archivo de Medina  del 28 de agosto de 1936 en el que se da cuenta de las facturas devengadas por la celebración del día del crucifijo tenemos la primera referencia escrita del bar. A Manuel Flor pago de seis botellas de vino de marca Romero gastadas el día de la bendición de los Crucifijos”. El bar de Manuel Flor estaba situado en la calle San Juan, donde hoy está la Pizzería. Son  muchas las anécdotas ocurridas en este bar, no en vano era uno de los centrales del pueblo. Como la de Guillermo Peña que pretendía tomarse unas copas fiadas en lo de Manolo Flor porque al día siguiente se iba a Barcelona y cuando entró en el bar de Manolo este había puesto  en la pizarra que no caía en la trampa, (había sido avisado por Andrés Ricardo, bar en el que había estado antes con el “Cojo Chinejas” y habían planificado el hecho). 


Me cuenta Juan Vela que Manolo Flor era uno de los mejores profesionales del ramo de la época, caracterizándose por su seriedad, amabalidad y buen hacer antes los clientes. No se le conoce ninguna disputa con ellos, hecho que es tan normal en un negocio, donde como dice el refrán, unas cuantas hace el borracho y otras el camarero. 
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