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| El arroyo Zapatero vertebra la finca. La mescolanza de la vegetación es la característica principal. En primer plano, un tronco de pino. |
Dentro del grupo de trabajo que tenemos sobre itinerarios antropológicos por el bosque humanizado de Los Alcornocales, hoy hemos estado en El Cinchado y el Pilar de la Brama (¿o grama?). Después del desayuno suculento y pertinente en la Venta Enrique, nos dirigimos al puerto del Moro, junto a la entrada del monasterio del Cuervo, en donde dejamos los coches. La primera pregunta de la mañana es si ese topónimo estará relacionado con la batalla de La Janda, pues este es el paso natural entre el Campo de Gibraltar y la laguna de dicho nombre. Alfonso XI ya lo cita en su libro de montería: «1478. La Mata de los Moros es buen monte de puerco en todo tiempo»; y J. A. Valverde, en sus anotaciones: «Puerto del Moro, al S. del anterior. LOS MOROS, Puerto del Moro, top. loc.».
Pero la gran pregunta es si volveremos a tener problemas para acceder a la ruta que queremos hacer. Estas tierras siempre han sido de propiedad colectiva hasta hace media hora en el reloj de la historia, siglo XIX, pues, tras los repartos de suertes y la desamortización, se convirtieron en privadas. Pero, hasta los años sesenta, este bosque fue el más y el último humanizado del mediterráneo europeo. Tras el éxodo rural, se dio otra vuelta de tuerca a la concentración de la propiedad y el proceso de apropiación subsiguiente condujo a que, tras la desaparición de aprovechamientos tradicionales como el carbón (agricultura y ganadería de subsistencia), se produjera un proceso de bunkerización en el cual el aprovechamiento cinegético es el más importante. Ambas circunstancias impiden el disfrute público de estos montes con tan altos valores medioambientales.
Pero, en el caso de hoy, estamos ante una finca de titularidad pública, que no montes de propios. Parece ser que esta zona era propiedad los hermanos del Hospital de San Juan de Dios, de Jerez de la Frontera, posiblemente como fruto de una de las donaciones típicas de la época. En los años cincuenta, Manuel Ruiz Cruz se la compró a estos, pero a los cuatro o cinco años, cuando fue a escriturarla en el Registro de la Propiedad, le informaron que antes tenía que ofrecerla al Estado por si este quisiera ejercer el derecho a tanteo. Así, a finales de los cincuenta, el Estado compró la finca (por el dinero por el que se había escriturado) y esta se convirtió en uno de los lugares donde el Estado experimentó con todo tipo de repoblaciones y proyectos durante los siguientes cincuenta años.
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| La finca se extiende sobre un valle ondulado donde abundan los madroños y los alcornoques. |
Las huellas de ello las vamos a ver durante toda la excursión. Estamos ante un paisaje mestizo, complejo, donde los distintos experimentos han dejado una mezcla de vegetación autóctona y repoblada. Así, las repoblaciones fallidas de alcornoques, eucaliptos…, de las que quedan abundantes testigos, o las de pino piñonero, de las que hay una importante presencia, pues ya se sabe la adaptabilidad del pino a todo tipo de terrenos o condiciones climáticas. En los años sesenta, las sierras de España, dentro del desarrollismo franquista, se llenaron de pinos con el fin de conseguir un crecimiento rápido y, por tanto, un fácil beneficio económico. Dice Agustín Coca en Los Camperos:
Tanto en los montes públicos de Alcalá [de los Gazules] como de otros pueblos vecinos, aparecen especies de crecimiento rápido. Los eucaliptos y pinos se siembran por doquier cubriendo las demandas de celulosa, resinas y otros productos demandados por el sector industrial […]. Autores como Barciela (1986) corroboran que fueron graves los errores que se cometieron con estas repoblaciones y señala que la fórmula de los consorcios «supuso, de hecho, una auténtica expropiación para los habitantes de aldeas y pueblos que durante siglos habían venido disfrutando del aprovechamiento comunal de los montes», pero, además, «se caracterizó por la búsqueda de objetivos rentabilistas de tipo privado e inmediato […] ajenos a los intereses de las poblaciones de las zonas repobladas», lo que suponía el «rechazo de una alternativa más conservacionista y de aprovechamiento variado e integral de los montes».
El cartel de la entrada aumenta nuestros miedos de que no podamos hacer la excursión prevista:
Se haya en un monte de titularidad pública gestionado por la CMA. Por su seguridad y la del medio, no se permiten las actividades recreativas ni la acampada libre. En estos espacios se persigue la conservación de las especies y de los hábitats mediante el aprovechamiento racional de los recursos. Los recursos del monte (pastos, corcho…) son además una fuente de riqueza y desarrollo para la población en el que se encuentra enclavado. Para los interesados en realizar actividades de ocio, la CMA ha puesto a su disposición una serie de equipamientos debidamente equipados. El Área Recreativa más próxima es El Celemín, en Benalup-Casas Viejas.
Hasta los años sesenta, en esta finca se daban aprovechamientos agrícolas (el huerto del Pilar de la Brama, por ejemplo), ganaderos, carboníferos, corcheros… En la actualidad, han desaparecido todos y solo queda el aprovechamiento de la madera y la caza. Hay un cartel al lado del anterior que especifica que estamos ante un coto privado de caza.
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| Fuente de la Brama (¿o grama?). En primer plano, huellas de los cochinos cruzados en el antiguo huerto. |
Empezamos el paseo y nos sorprende la amplitud del paisaje, pues la ruta transcurre por un ondulado valle que depara preciosas vistas y variados paisajes. El terreno lo vertebra el arroyo de Zapatero, que vierte sus aguas en el Celemín. El curso está en estiaje, pero se aprecia su enorme capacidad erosiva y la cantidad de agua que puede llegar a albergar. Se trata de un paisaje ecléctico donde, en escasas ocasiones, se combina el monte bajo con la vegetación clímax, pero, sobre todo, las especies autóctonas se combinan con las alóctonas, como el eucalipto y el pino, ya mencionados. Dentro de las primeras destacan el alcornoque, el brezo y, sobre todo, el madroño (hay muchos y están en flor). Como por el libro de la montería de Alfonso XI sabemos que esto también fue zona de osos, pensamos que solo nos falta encontrarnos a Esperanza Aguirre. Chiste facilón.
Estamos en una zona donde el fuego ha sido, desgraciadamente, demasiadas veces protagonista. Posiblemente, este hecho esté relacionado con las repoblaciones que se hacen desde finales de los cincuenta. La resistencia del alcornoque a él nos permite contrastarlo con el pino. He leído en internet que otra de las actividades que se hacen en esta zona, además de las repoblaciones con escolares, son los experimentos con los cortafuegos. Vemos varios ejemplos prácticos de ello en los recortes (del camino, no del Gobierno), que nos permiten hacer el territorio rozado. Por todas partes hay parcelas malladas con repoblaciones experimentales.
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| En primer plano, antiguo huerto y pinos repoblados. Al fondo, el puerto del Viento, del Hombre, los Garlitos… |
Cuando estamos llegando a la fuente, en la zona donde hay más pinos, aparecen varias trampas que puso la Junta de Andalucía para intentar erradicar los cochinos cruzados, cuyo origen hay que buscarlos en las montaneras anteriores a los años sesenta. Ya se han abandonado estos intentos y los cochinos cruzados con jabalíes siguen campando por la zona, como lo demuestran las huellas dejadas al lado de la fuente en su búsqueda de raíces.
En la fuente de la Brama nos tomamos el refrigerio y viene lo mejor de la jornada. Aunque, oficialmente, se llama de la Brama (término que puede proceder de los venados, los cuales estuvieron a punto de desaparecer por su incompatibilidad con las cabras de los rancheros, pero que a partir de los sesenta se convirtieron en los reyes de estos montes), hay quien plantea que su nombre sea grama, hierba que la abundante agua de la fuente permite y en la que hubo un huerto hasta los años sesenta. De etimología hablamos también en relación con las mojeas (mohedas) o de los penenes (no de los profesores no numerarios, sino de aquellos que estaban perennes en un lugar). En frente tenemos una maravillosa vista con el Cuervo, el Puerto del Viento, del Hombre y los Garlitos.
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| Mojea (moheda) de eucaliptos. Huella de los diversos experimentos medioambientales en la finca desde que es de titularidad pública. Al fondo, restos de un antiguo muro de piedra para las montaneras. |
Hacemos el camino de vuelta con la satisfacción de que hemos podido hacer nuestra ruta sin ningún inconveniente (por lo menos, en este caso y nosotros). La suave lluvia que empieza a caer no hace más que añadirle emoción al paseo. El senderismo, el disfrute de la naturaleza, es una actividad de muy bajo impacto medioambiental y de enorme futuro en la zona. Deberíamos hacer los esfuerzos necesarios para hacerlo compatible con otros usos y aprovechamientos, pues la educación ambiental es otra forma de fomentar el medioambiente. Como dice el cartel de la entrada: «En estos espacios se persigue la conservación de las especies y de los hábitats mediante el aprovechamiento racional de los recursos».
Y más en una finca de titularidad pública. O, al menos, eso es lo que pienso yo.








