Las
fotografías realizadas en el cementerio, actual parque público, fueron también
de las más famosas y utilizadas por los distintos medios de comunicación. Al
igual que la de presos o las posteriores de las comisiones parlamentarias,
estas también coinciden lo que se fotografía con el momento en el que está
ocurriendo, no pasa por ejemplo como con las fotos que representan registros.
Traigo dos fotos, la primera de Serrano y la segunda de Sánchez del Pando.
fotografías realizadas en el cementerio, actual parque público, fueron también
de las más famosas y utilizadas por los distintos medios de comunicación. Al
igual que la de presos o las posteriores de las comisiones parlamentarias,
estas también coinciden lo que se fotografía con el momento en el que está
ocurriendo, no pasa por ejemplo como con las fotos que representan registros.
Traigo dos fotos, la primera de Serrano y la segunda de Sánchez del Pando.
La
de Serrano fue realizada el 13 de enero y publicada el 20 del mismo mes en la
revista Nuevo Mundo. La leyenda que la acompaña es muy significativa de la
visión imperante en este momento sobre estos hechos: “Los cadáveres de los
extremistas muertos por la fuerza pública en el trágico episodio revolucionario
de Casas Viejas. La enérgica actuación de la fuerza pública ha reducido el foco
rebelde de Casas Viejas. De la vivienda en que más tenaz y desesperada
resistencia se hizo a la autoridad, se ha sacado ya los cadáveres de los
extremistas, tendidos ahora sobre el cementerio, momentos antes de proceder a
la autopsia. Guardias, periodistas y médicos contemplan el dramático cuadro”.
Esta información no se corresponde con la verdad. Los asesinados en la choza no
estaban en este momento en el cementerio debido a su estado al haber sido
carbonizados, salvo los dos que intentaron huir Manuela Lago y Francisco García Franco.
La foto realizada desde la tapia del cementerio recoge una panorámica general.
En ella se observa tres grupos de personajes; por un lado las autoridades, representadas por el alcalde pedáneo Juan Bascuñana, los guardias de
asalto, guardia civil y de arbitrios. Por otro lado el personal sanitario, dos
forenses, Joaquín Hurtado y Fismato Pérez Uclés, el médico de Casas Viejas,
Federico Ortiz, el de la sección de la Cruz Roja de Jerez, Dr De la Villa, el
prácticante Jesús Escobar y el estudiante de medicina local Alfonso
Pérez-Blanco. Un tercer grupo está compuesto por los periodistas Sánchez del
Pando, Gelán, Gil Gómez Bajelo y Joaquín López San Miguel. El tercer plano
corresponde para las víctimas. Al fondo el pueblo, se observa el cercado del
cura, la calle San Juan y a lo lejos las dos grandes casas de la Alameda, una del
propietario José Vela Morales y la otra que está alquilada a la Guardia Civil y
que funciona como cuartel.
de Serrano fue realizada el 13 de enero y publicada el 20 del mismo mes en la
revista Nuevo Mundo. La leyenda que la acompaña es muy significativa de la
visión imperante en este momento sobre estos hechos: “Los cadáveres de los
extremistas muertos por la fuerza pública en el trágico episodio revolucionario
de Casas Viejas. La enérgica actuación de la fuerza pública ha reducido el foco
rebelde de Casas Viejas. De la vivienda en que más tenaz y desesperada
resistencia se hizo a la autoridad, se ha sacado ya los cadáveres de los
extremistas, tendidos ahora sobre el cementerio, momentos antes de proceder a
la autopsia. Guardias, periodistas y médicos contemplan el dramático cuadro”.
Esta información no se corresponde con la verdad. Los asesinados en la choza no
estaban en este momento en el cementerio debido a su estado al haber sido
carbonizados, salvo los dos que intentaron huir Manuela Lago y Francisco García Franco.
La foto realizada desde la tapia del cementerio recoge una panorámica general.
En ella se observa tres grupos de personajes; por un lado las autoridades, representadas por el alcalde pedáneo Juan Bascuñana, los guardias de
asalto, guardia civil y de arbitrios. Por otro lado el personal sanitario, dos
forenses, Joaquín Hurtado y Fismato Pérez Uclés, el médico de Casas Viejas,
Federico Ortiz, el de la sección de la Cruz Roja de Jerez, Dr De la Villa, el
prácticante Jesús Escobar y el estudiante de medicina local Alfonso
Pérez-Blanco. Un tercer grupo está compuesto por los periodistas Sánchez del
Pando, Gelán, Gil Gómez Bajelo y Joaquín López San Miguel. El tercer plano
corresponde para las víctimas. Al fondo el pueblo, se observa el cercado del
cura, la calle San Juan y a lo lejos las dos grandes casas de la Alameda, una del
propietario José Vela Morales y la otra que está alquilada a la Guardia Civil y
que funciona como cuartel.
La segunda foto es de Sánchez del Pando, es un
detalle, porque ningún fotógrafo le interesaron las víctimas como tales. En
total son 16 cadáveres, los dos ya mentados, Rafael Mateo Vela y Antonio
Barberán Castellet, Manuela Lago y Francisco García Franco, más los 12 que murieron en la razzia de las 7 de la mañana
que fueron Manuel Benítez
Sánchez “Manolete”, Cristóbal Fernández Exposito, Juan Galindo González, Juan
García Benítez, Manuel García Benítez, Juan Grimaldi Villanueva, Fernando Lago
Gutiérrez, Andrés Montiano Cruz, Manuel Pinto González, Juan Silva González
“Zorrito”, José Utrera Toro y Balbino Zumaquero Montiano.
El tratamiento de los cadáveres producidos por
los Sucesos refleja la forma en que se han tratado estos y su evolución en el
tiempo. Cuando ocurrieron estos hechos los tres miembros de las fuerzas de
orden público se enteraron en Cádiz con gran boato. Los cadáveres de la gente
del pueblo lo hicieron en el cementerio, actual parque del Cañuelo, en la zona no consagrada,
en una fosa común. El boato oficial se mudo aquí, por el abundante derroche
fotográfico y mediático. Los calcinados no aparecen en el archivo parroquial hasta
1945, en el que el cura de entonces,
Padre Muriel, posiblemente, al hilo de un trámite administrativo se
percata de que no están registrados y
los anota en otra hoja.
Durante toda la dictadura los restos de los muertos descansaron en una fosa
común en el cementerio del Cañuelo. Cuando en el año
78, ya en la transición democrática, se trasladaron los restos, del viejo al nuevo cementerio, el caso de estos salió a la
palestra. Las incipientes ejecutivas locales de UCD, Leonardo Ruiz al frente, y
del PSOE, Benito Enrique, libraron fondos propios para pagar un nicho en el
nuevo cementerio. Luego en el 93, ya con Ayuntamiento propio, después de la
segregación de Medina en el 91, se
inaugura una lápida para las víctimas de los Sucesos, aunque no exenta de
cierta polémica política. En la actualidad, en todos los actos institucionales
que se programan en torno a los Sucesos incluyen una ofrenda floral en el
cementerio.
detalle, porque ningún fotógrafo le interesaron las víctimas como tales. En
total son 16 cadáveres, los dos ya mentados, Rafael Mateo Vela y Antonio
Barberán Castellet, Manuela Lago y Francisco García Franco, más los 12 que murieron en la razzia de las 7 de la mañana
que fueron Manuel Benítez
Sánchez “Manolete”, Cristóbal Fernández Exposito, Juan Galindo González, Juan
García Benítez, Manuel García Benítez, Juan Grimaldi Villanueva, Fernando Lago
Gutiérrez, Andrés Montiano Cruz, Manuel Pinto González, Juan Silva González
“Zorrito”, José Utrera Toro y Balbino Zumaquero Montiano.
El tratamiento de los cadáveres producidos por
los Sucesos refleja la forma en que se han tratado estos y su evolución en el
tiempo. Cuando ocurrieron estos hechos los tres miembros de las fuerzas de
orden público se enteraron en Cádiz con gran boato. Los cadáveres de la gente
del pueblo lo hicieron en el cementerio, actual parque del Cañuelo, en la zona no consagrada,
en una fosa común. El boato oficial se mudo aquí, por el abundante derroche
fotográfico y mediático. Los calcinados no aparecen en el archivo parroquial hasta
1945, en el que el cura de entonces,
Padre Muriel, posiblemente, al hilo de un trámite administrativo se
percata de que no están registrados y
los anota en otra hoja.
Durante toda la dictadura los restos de los muertos descansaron en una fosa
común en el cementerio del Cañuelo. Cuando en el año
78, ya en la transición democrática, se trasladaron los restos, del viejo al nuevo cementerio, el caso de estos salió a la
palestra. Las incipientes ejecutivas locales de UCD, Leonardo Ruiz al frente, y
del PSOE, Benito Enrique, libraron fondos propios para pagar un nicho en el
nuevo cementerio. Luego en el 93, ya con Ayuntamiento propio, después de la
segregación de Medina en el 91, se
inaugura una lápida para las víctimas de los Sucesos, aunque no exenta de
cierta polémica política. En la actualidad, en todos los actos institucionales
que se programan en torno a los Sucesos incluyen una ofrenda floral en el
cementerio.

