Dice lo siguiente Francisco José Nieto Reyes en un comentario a una entrada sobre una fotografía de los sucesos en la que aparece su bisabuela:

He aprendido muchas cosas: la manipulación política que se hace en función del bando que se trata, la condena al olvido que hace el vencedor sobre el vencido, pero sobre todo he descubierto algo que me ha llamado la atención: LOS SILENCIOS. Los silencios de la historia, los silencios de las instituciones que miran para otro lado y los silencios de la propia familia. Esto último puede llegar incluso a violentas conversaciones en donde, al parecer, el único homenaje posible es eso, el silencio.

Como estas cosas suelen ser mutuas, yo también he aprendido mucho con la familia Reyes Estudillo y estoy muy agradecido por las facilidades que me han dado Francisco José y algunos de sus familiares para profundizar en la historia de este pueblo, en su proceso de formación, en los avatares de la Segunda República y la Guerra Civil, los horrores de Mauthausen, la posguerra, la emigración al levante español…

A través de ejemplos concretos, he podido dar con características generales de nuestra historia. Esta metodología inductiva ha sido para mí una gran novedad, pues estaba acostumbrado a estudiar la historia de forma deductiva, fijándome en las grandes cuestiones generales y llegando pocas veces a aspectos y casos concretos.

Llevo mucho tiempo estudiando, enseñando y dedicándome a la historia. En la facultad, se estudia lo que fulanito de espadas ha dicho sobre lo que dice sotanito de copas sobre la revolución urbana, por ejemplo. Luego, como profesor, en educación secundaria, enseñamos la historia de forma tan general que no suele rozar, ni interesa, la historia de las personas.

La historia de las personas, con nombres, apellidos y fotos, empecé yo a verla y a conocerla cuando leí el libro Los anarquistas de Casas Viejas, de Mintz. Desde entonces me atrapó aquella forma de hacer historia y me convenció de que era más útil y necesaria que la oficial, la académica y la de las altas esferas.

Uno de los objetivos de este blog es continuar haciendo la historia de las personas, inductivismo histórico, partir del caso concreto para posibilitarle la tarea a quien quiera subir el peldaño hacia la historia de las ideas, de las generalidades y de las oficialidades. Pero la historia de abajo, la de las personas, la de los casos concretos, está llena de obstáculos y dificultades.

Por una parte, hay a quien le fue tan mal en el pasado que quiere construir un presente al margen de este, como si se pudiera disociar o dividir, como si la memoria no fuera necesaria para poder elegir entre distintas posibilidades, para poder ser libre.

Por otra parte, están los triunfadores, a los que les ha ido tan bien el pasado que son conscientes de que están en la historia y de que son lo que la historia los ha convertido.

Ambos tienden al adanismo, al tópico de que la inmundicia, si se mueve más, huele, o a que si tenemos tantos problemas actuales por qué nos vamos a dedicar a aquellos que pertenecen a otras épocas y tiempos.

La verdad es que, aunque no comparto sus ideas, las respeto y valoro. Muchas veces me he preguntado cómo en Alemania, Italia o Israel su historia reciente ha sido un activo y se ha estudiado y analizado, mientras que aquí tendemos a esconder la nuestra.

La respuesta me la dieron hace algún tiempo: es cuestión de ganadores y perdedores. Mientras que en Alemania e Italia los totalitarios perdieron la Segunda Guerra Mundial, los aliados la ganaron, lo que influyó en los judíos de gran forma. En España, mientras que los que defendían posiciones democráticas perdieron, los totalitarios ganaron; pero no solo la batalla, sino la guerra, pues muchos de sus posicionamientos se han mantenido hasta la actualidad.

Se resume en aquella frase enigmática, que ya no lo parece tanto, de Franco sobre que lo dejaba todo atado y bien atado. En este artículo, Rafael Reig lo explica, como siempre, meridianamente claro. 

A mí siempre me ha gustado la historia que sirve para intentar resolver conflictos actuales, aquella que se puede aplicar al espacio y al momento actual, la que me ayuda a comprender cómo hemos llegado aquí y cuáles son posiblemente los futuros caminos.

Últimamente, me apasiona la que sirve para recuperar la dignidad perdida, aquella que me facilita contemplarme en el mismo espejo que las generaciones vencidas y analizar los mecanismos y factores que influyeron en aquel desenlace.

Como decía Walter Benjamin, «los que más necesitan la historia son los oprimidos, para no olvidar que su situación no tiene nada de «natural», ni lógico»; aunque la situación actual no difiera nada o muy poco de la que intentaron cambiar aquellos que nos precedieron y perdieron.

Lo importante es el camino, el método, el itinerario, aunque a través de ellos vislumbremos que son los mismos estratos sociales que ganaron o perdieron hace ochenta años los que ganan o pierden en la actualidad. La única diferencia, muy importante, por cierto, puede estar en que antes solo construían la historia los vencedores y ahora todos presentamos nuestros avales y derechos para ser y formar parte por derecho propio de nuestra historia y, por tanto, también nos apuntamos a escribirla. Derecho que poseemos, desde el respeto y la libertad, como consagra el ordenamiento jurídico vigente.

Por eso, como a Francisco José Reyes Nieto, no me gusta el silencio aplicado a nuestra historia.

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