Dice Mintz: «Los médicos, Don Antonio, Don José y Don Federico, eran sensibles a las enfermedades y a la suciedad del pueblo, y su conocimiento de ello les llevaba a guardar distancias con los aldeanos, muchos de los cuales padecían de tuberculosis. El distanciamiento entre los campesinos y los médicos aumentó en 1918, cuando la epidemia mundial de gripe alcanzó España. La epidemia llegó a España en junio y, para noviembre, había alcanzado proporciones estremecedoras., y los médicos cerraron sus puertas, prohibiendo entrar a nadie y no permitiendo a sus sirvientes que salieran. Una de las víctimas que quedó sin tratar fue el hermano de Pepe Pareja: “En 1918, mi hermano y yo estábamos plantando trigo en un terreno que habíamos alquilado, y él dijo que se sentía enfermo. En esa época había gente que enfermaba de gripe y moría en veinticuatro horas. Así que le dije: Monta en la burra y vuelve al pueblo.” Y regresó. Pero los médicos no visitaban a nadie por miedo a contraer la enfermedad. No andaban por la calle. Estaban encerrados en sus casas. Así que la familia fue a ver a Don Federico a preguntarle que podían hacer por mi hermano, y él les dijo que le inyectaran sanguijuelas, lo que entonces era un método común de curación. Comúnmente inyectaban las sanguijuelas en las piernas y la sangre se ponía en circulación. Pero le pusieron dos sanguijuelas a cada lado del pecho, cerca del cuello, y murió inundado en sangre. Murió por falta de médico”.
Esta historia me parece tan rica que creo que sería susceptible de un guión cinematográfico. El puzzle que es la historia se ha completado en este caso con los documentos enviados por Norberto Grandiz, al que quiero agradecer públicamente su colaboración. Pero además, podemos profundizar en los conflictos sociales de aquella infernal época de finales de 1918 en plena gripe española en Casas Viejas gracias a que Mintz utiliza las fuentes orales y la versión de los campesinos y jornaleros para construir su historia. Otro ejemplo más de la importancia de este libro para Casas Viejas y de que la historia, como la política, la escribes o te la escriben.

