El día de hoy ha sido muy intenso también. La jornada empezó con el mural que don Manuel Sáenz había pintado con sus alumnos en 1992; esta vez, Paco y Laura coordinaron a los del IES Casas Viejas. El resultado es un bonito trabajo del que todavía no se sabe cuál va a ser su destino definitivo. En la exposición Casaviejeños 1933, la asistencia de público ha sido constante, y la venta del catálogo, muy buena, hasta el punto de que casi se han agotado.
Una de las actividades que más miedo nos daba era la de las exposiciones por los bares. Aunque no ha habido tanta gente como en otras rutas, por ejemplo, la de las setas, y que ha sido la gente del pueblo la que menos se ha asomado, en algunos bares se acabaron las tapas previstas y los propietarios nos han manifestado que, si no se hubiesen programado estas actividades, habría habido mucha menos gente en la calle de la que ha salido este sábado.
De «La historia narrada de los sucesos» se han hecho cuatro sesiones, todas con un gran éxito de crítica y público. Aunque no es normal cuando se trata de los sucesos, la unanimidad de lo excelente de la idea y su ejecución es absoluta. En total, han sido más de 150 personas las que ya la han visto y, que se sepa, no ha habido ninguna crítica negativa.
Otra de las sorpresas positivas de la jornada han sido las rutas guiadas por el técnico municipal Rubén Flor. Han asistido unas 35 personas, produciéndose un alto de satisfacción entre los que han participado en ellas y al final animadas charlas y tertulias en torno a los Sucesos. Estas rutas hoy se perciben con cierta normalidad, pero hace unos años eran algo impensable.
Mañana se clausuran las jornadas. Habrá otra ruta, otra representación teatral y una tertulia sobre el futuro de los sucesos en el Tato. Desde aquí animamos a la asistencia a esta tertulia y a la participación. Toda crítica, sugerencia o propuesta será bienvenida. Se cerrarán las jornadas con el Réquiem de viola de Jesús Vela y la Toná de Casas Viejas de Antonio el de Paqui. Recuerdo que es a las 12:30 horas.
Por último, una reflexión final. Esta última foto la ha hecho Gemma, mi compañera de Matemáticas. Me ha recordado la anécdota que Paco Sánchez Moya me ha contado sobre Juan Moncayo, sobre las tremendas dificultades que tuvo que soportar cuando hicieron la obra de teatro. Me comenta que él y su hermano Cristo le habían dejado el pabellón del Chorro Grande para ensayar y que una vez que terminaron los ensayos se quejaron de lo sucio que lo habían dejado, a la espera de que el Ayuntamiento mandara a alguien para que lo limpiase. La sorpresa de Paco fue mayúscula cuando un día fue al lugar de ensayo y se encontró al propio Juan Moncayo, solo, fregando los suelos.
Me quedo con la reflexión del viernes de Juan, en el sentido de que ellos empezaron a trabajar sobre los sucesos de Casas Viejas desde Casas Viejas, y que lo más importante de ese trabajo es que ha permitido que otros se aprovechen de él y continúen esa senda. Esa capacidad que tenemos los humanos para aprovechar lo que otros han hecho previamente, y edificar sobre ello, es lo que nos diferencia de otros seres y lo que está en la base de nuestra superioridad cultural. Esperemos que el trabajo que se está desarrollando en estas jornadas sea igualmente aprovechado en otra ocasión y se siga sumando. Si no, seremos unos verdaderos animales.
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