“Mama
¿por qué no te pagan las alpargatas que remiendas?”. Era la pregunta que
mi madre, con diez años, le hacía a su abuela. Porque mi madre y su
hermana llamaban a sus abuelas “mama”. Eran los años 40, de
hambre y pobreza. Por eso, cuando Chana Pérez se encariñó con mi madre y
le dijo que se la iba a llevar a trabajar a la huerta se puso muy
contenta. Hoy hemos creado la cultura de satisfacer a los niños con
obsequios pero no con responsabilidades. La niña Cari vio en ese trabajo
la manera de sentirse útil y ayudar a su abuela. No le llevaba dinero
porque no se lo daban. A cambio, un plato de comida, algún vestido y
productos del campo.
hacia la casa de esta señora, y de ahí a la huerta que tenía en Las
Lagunetas, en Benalup-Casasviejas. De una fuente cercana al huerto
acarreaba agua en varios viajes. Me la imagino tan pequeña con esos
latones y cubos. Luego tocaba barrer con una escoba de rama, más alta
que ella, la dependencia en donde estaban los pavos y les cambiaba el
agua. Esto era fijo todos los días y, a partir de ahí, ayudarle a Chana
en lo que surgiera y hacerle compañía.
las dos al pueblo y mi madre no pensaba en otra cosa que en lo que
llevaba en el hato, algunas verduras para su abuela. Quizás era lo único
de comida que entrara ese día en la humilde choza que compartían.
hasta los trece. En ese tiempo cogió unos kilos porque a mediodía comía
bien, y tuvo varios vestidos, ya que las hijas de esta señora eran
costureras.
oportunidades. La dictadura era muy selectiva y elitista, y los pobres
tardaron muchos años en remontar. Una historia reciente de nuestro País
que muchos se empeñan en hacerla lejana pero no. Está ahí a la vuelta de
la esquina.
