A
finales del siglo XX y principios del siglo XXI coincidiendo con el boom del
ladrillo aparece el fenómeno Villalatas. Alguien compra parte de aquel indiviso
de Malcocinado que la familia del Marques de Negrón le vendió al estado para
crear una Yeguada y que luego el Instituto de Reforma Agraria la utilizó para
crear con cuarenta colonos la comunidad de Campesinos que daría lugar al actual
San José de Malcocinado. Las parcelas se vendían muy baratas y con agua.

La
mayoría fueron adquiridas por albañiles benalupenses. Como decía el Diario de
Cádiz el 6 de Octubre de 2006: «
En concreto, el 80% de las viviendas construidas pertenecen
a vecinos de Benalup-Casas Viejas, un 19,1% a residentes en localidades del
Campo de Gibraltar y sólo el 0,9% restante corresponde a vecino de Medina». 
El
fenómeno es conocido como Villalatas, porque al ser ilegal su construcción,
primero se forraba la construcción en el exterior de latas, hasta que el tiempo
consumara el edificio, luego se retiraban o no. Decía el Diario de
Cádiz: «
La
mayoría de las viviendas, levantadas en parcelas de casi idéntico tamaño y
protegidas con vallas cerradas con candados, se dedica a segunda residencia y
varias cuentan incluso con piscinas apenas camufladas con estructuras de paja.
Pero no todas son iguales, junto a las casonas de campo de grandes muros de
piedra se encuentran otras mucho más humildes, con corrales y aperos de
labranza. Ni siquiera la clandestinidad es igualitaria».



Muchos
albañiles emplearon sus ahorros para invertirlos en unas parcelas en donde
luego construir sus segundas viviendas. Después, poco a poco, la mayoría de las veces en régimen
de autoconstrucción, con la ayuda de familiares y amigos se fueron haciendo
estas viviendas. Treinta años antes, la misma clase de trabajadores habían
sustituido sus chozas por su primera vivienda. Luego vino la crisis y las
amenazas de derribo de sus viviendas. 
El ayuntamiento de Medina consciente de la ilegalidad de
estas viviendas intenta parar la expansión, pero el proceso continúa hasta la
actualidad. Decía el Diario de Cádiz:
«La patrulla aparece
entre los baches y al vecindario se le pone el cuerpo malo: unos disimulan;
otros le echan un plástico a los ladrillos amontonados; alguno, directamente,
se esconde; y a los que quedan, les toca enseñar todo el papeleo de su vivienda
a los agentes. Son las escrituras, y no hay más. Todos saben que el suelo es
rústico, y que la ley no admite ninguna de las 200 viviendas que se han
levantado en un terreno fuera de control desde hace décadas. En la actualidad,
el Ayuntamiento de Medina Sidonia tiene abiertos alrededor de 220 expedientes
urbanísticos, de los que unos 80 han pasado ya por la Comisión de Gobierno
Local, aunque cada uno de ellos lleva su trámite específico. En Malcocinado han
promovido residentes en Benalup y en el Campo de Gibraltar, sobre todo, y el
coste en votos de tumbar sus viviendas no es el mismo que el que se cobraría
una intervención idéntica en otros espacios -El Berrueco, por ejemplo-, también
caracterizados por el libre albedrío inmobiliario»
.







Los impactos mediambientales creados en esta zona de campiña entre Malcocinado
y Benalup han sido muy grandes. En primer lugar la contaminación ha afectado al
acuifero, ha secado muchos pozos y han aumentado las perforaciones para obtener
aguas para las viviendas. También han abierto muchos caminos y han destruido
toda la vegetación natural que había, sustituyéndola por unas viviendas sin
control y sin orden. Como se podía leer en el Diario de Cádiz:»
Para llevar
el medio urbano a un sitio donde aún no ha llegado, los propietarios pinchan un
acuífero de la zona que les abastece de agua, cavan fosas sépticas para
canalizar el líquido sucio y enchufan sus viviendas a torres eléctricas -el que
llega- o a generadores propios. «Aquí no se ha parado, y no hay más que darse
una vuelta»»







Villalatas es un ejemplo, radicalizado y
exagerado, del modelo de crecimiento de estos últimos cincuenta años. Se ha urbanizado toda una zona, se ha creado un conjunto de segundas residencias, sin los permisos y las infraestructuras previas necesarias. No obstante, al seguirse la política de los hechos consumados estas casas son un problema y una realidad que hay que afrontar. Parece ser que tanto por parte de la Junta de Andalucía, como por el Ayuntamiento de Medina se están dando los pasos necesarios para afrontar el problema de forma que sea beneficioso para todas las partes implicadas. Es otra herencia de ese boom urbanístico y desarrollista que hemos vivido en esta tierra a finales del siglo XX y principios del XXI. Continuará.
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