Se ha publicado en internet el artículo «Las necrópolis megalíticas del entorno de la Laguna de la Janda (Cádiz)», de María Lazarich, Antonio Ramos, Esther Briceño, M. José Cruz y Julio Sañudo. Como me parece de especial interés para comprender y conocer los dólmenes de la zona del Celemín, voy a utilizar la información de esta publicación, y alguna de otras fuentes, para publicar una serie de artículos sobre esta temática.
Lo primero que hacen los citados autores es contextualizar: la laguna de La Janda es una de las zonas donde más cantidad y calidad de yacimientos prehistóricos existen de España.
Ello responde a cuestiones geoestratégicas y ecológicas. Por una parte, su envidiable situación le hace ser lugar de tránsito de personas y animales, sobre todo aves. Por otra parte, su riqueza faunística y floral, combinada con las posibilidades de defensa que presenta la sierra cercana, le permite albergar comunidades desde el inicio de la historia del hombre. Aunque hay manifestaciones de la presencia del hombre tanto en el Paleolítico inferior, medio y superior, va a ser en el Neolítico cuando esta alcance su máxima expresión. Dicen en el artículo:
Pero, sobre todo, su ocupación más intensa corresponde ya al periodo holocénico con asentamientos, necrópolis megalíticas y representaciones gráficas de gran singularidad, de comunidades agropastoriles en las que todavía la caza juega un papel importante para la subsistencia, pero que adquieren nuevas connotaciones simbólicas y de expresión de poder.
De todas las manifestaciones prehistóricas que hay en el entorno de la laguna de La Janda, es, sin duda, la cueva del Tajo de las Figuras la joya de la corona. En un artículo publicado en 2009 en la revista Almoraima, firmado por Ana Carreras entre otros, se puede leer:
En sucesivas campañas exploraron las cuevas de Sierra Momia, donde se ubica el conjunto del Tajo de Las Figuras, y las sierras de los alrededores, llegando a descubrir un total de 67 abrigos con manifestaciones rupestres (Breuil, 1929 y Cabré y Hernández-Pacheco, 1914). En los años setenta Uve y Utah Topper recorrieron las sierras gaditanas localizando gran parte de los abrigos de Breuil y descubrieron algunos nuevos hasta completar un total de 79 abrigos (Topper, 1988). Más tarde las prospecciones llevadas a cabo en la sierra de La Plata, Betis y en otros lugares del parque de Los Alcornocales dieron como resultado la aparición de otros abrigos con pinturas (Bergmann, 1994; Bergmann et al., 1997; y en la web a través de la página www.elestrecho.com/arte-sur/ que dirige Lothar Bergmman). Estos y otros descubrimientos posteriores fueron aumentando el registro del arte rupestre provincial hasta unas 180 cuevas. En los dos últimos años, los firmantes de esta comunicación hemos localizado más de una veintena de cuevas nuevas, que amplían el conjunto de arte prehistórico gaditano hasta 224 abrigos.
La propia Ana Carreras dice sobre las pinturas:
El abrigo del Tajo de las Figuras contiene unas 920 pinturas, muchas de las cuales, alrededor de trescientas, no tienen paralelo con ningún otro arte prehistórico de la Península Ibérica. Por sus formas estáticas y naturalistas no se corresponden ni con el Arte rupestre Levantino, ni con el llamado Arte rupestre Esquemático. Comparte con el Arte Levantino la tendencia al naturalismo, pero carece de su vivacidad y movimiento. Por otro lado, este naturalismo, así como la forma de tratar las escenas, lo hacen diferente del Esquemático. Por lo tanto nos hallamos ante un arte singular que podríamos diferenciarlo de otras regiones artísticas como «Arte del Tajo de Las Figuras», o de forma más general «Arte de la Laguna de la Janda», ya que una veintena de abrigos cercanos a esta antigua laguna presentan figuras de la misma naturaleza. La principal singularidad del Arte Tajo de las Figuras radica en la idiosincrasia de algunos de los temas tratados, como son las representaciones de aves, que no tienen parangón en el resto de la Península Ibérica… En conclusión, los ciervos bramando con el sexo erecto, las aves en cópula, los rebaños de cabritas, los grupos de ciervas, las danzas humanas, nos lleva a considerar al abrigo del Tajo de las Figuras como un santuario prehistórico cargado de representaciones de un alto valor simbólico, inspiradas en la procreación, en la vida y renovación. Además, la heterogeneidad estilística representada en este abrigo, donde se combinan formas naturalistas junto a otras puramente esquemáticas, e incluso reducidas a meros signos, induce a pensar que, o bien las manifestaciones rupestres pertenecen a distintas épocas, o, por el contrario, fueron realizadas durante la misma etapa. En este último caso hay que señalar que lugares de gran riqueza medioambiental y densidades poblacionales elevadas llevan a un aumento de la conflictividad y a una afirmación de la identidad de la comunidad, que plasma en los mismos abrigos sus propios símbolos con objeto de mantener el derecho a los recursos de sus territorio.
Pero la serie que hoy comienzo no versa sobre el Tajo de las Figuras, sino sobre los dólmenes cercanos a esta. La introducción del artículo de María Lazarich termina de esta forma:
Las prospecciones y estudios llevados a cabo por nuestro grupo de investigación nos han permitido conocer la ubicación de los lugares de hábitat, con presencia de pequeños asentamientos estacionales y aldeas, algunas de éstas con estructuras emergentes significativas y que aparecen señaladas en el mapa como poblados. Igualmente hemos estudiado las ya conocidas, aunque en su gran mayoría olvidadas e, incluso perdidas, necrópolis megalíticas de la zona, además de localizar y descubrir nuevas estructuras en ellas. Al análisis de algunas de ellas vamos a dedicar la presente comunicación.

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