Foto superior. Empezando por arriba, de izquierda a derecha, aparecen Francisco y Antonio Durán Fernández; Juan Jiménez Fernández, el Boticario; José Moreno Cabeza, el Rompemontes; José Pérez Franco, Pata de paño, y Manuel Vera Moya. En la fila central, de izquierda a derecha, Diego Fernández Ruiz, el Tullío; José Rodríguez Quirós, Pepe Pareja; Francisco Quijada Pino; Sebastián Rodríguez Quirós, Sebastián Pareja; José Monroy Romero; Manuel Sánchez Olivencia, Sardiguera, y José González Pérez, Pepe Pilar. En la fila inferior, Miguel Pavón Pérez; Francisco Cantero Esquivel, Pinganillo; Esteban Moreno Caro, Estebita; Antonio Cornejo Delgado; Sebastián Cornejo Bancalero; Antonio Cruz García, el Tariero, y Antonio Pavón Pérez. Foto: Dubois.
Terminada la serie sobre las víctimas mortales de los sucesos, ahora toca el turno de las no mortales. En 2008, las alumnas del IES Casas Viejas Carolina Estudillo, Gema Sánchez, Ana Guerrero e Irene Gutiérrez hicieron un trabajo sobre las víctimas de los sucesos de Casas Viejas. Fue un maravilloso estudio de campo en el que, en parte, yo me basé para escribir la ruta de los sucesos que forma parte del libro Itinerarios por Casas Viejas.
Ahora vuelvo a él para hacer un seguimiento evolutivo por la vida de esta gente. Se trata de gente que se la jugó, lucho y perdió. Pero, precisamente por ello, se trata de estudiar al personaje en relación con los procesos generales históricos. No me interesa ni me importa la persona como individuo, sino como personaje histórico cuya evolución sirve para estudiar unas características, unas causas y unas consecuencias que son generales.
Hay que hacer dos precisiones. Primera: las víctimas de estos hechos fue todo el pueblo. Los sucesos son el reflejo de una batalla por la supervivencia, para mejorar las condiciones de vida, para erradicar un poder político y económico que los sometía y esclavizaba. Nicolás Vela, concejal independiente por Benalup en el Ayuntamiento de Medina sidonia, en el pleno del 13 de mayo de 1982, hablando de la segregación, dijo: «Demasiada nobleza la de este pueblo, después de haber estado reprimido durante tantos años, excepcionalmente por aquellos tristemente sucesos de Casas Viejas». Pero para estudiar y entender esta derrota colectiva hay que concretizarla en personajes, por ello me he basado en el estudio de unos 40 que participaron en los sucesos y que ingresaron en la cárcel a consecuencia de su intervención. Para ello nos servimos de las dos fotos de Dubois que aparecen en esta entrada, pero no limitamos el estudio a estos 26, sino que lo ampliamos a todos los que hicieron presos y, así, conseguimos datos sobre ellos.
La segunda precisión se refiere al tiempo. Los sucesos no se pueden ver como algo puntual que ocurrió en un momento determinado, sino que es fruto de un contexto y tiene unas consecuencias, pero sobre todo forma parte de un proceso global e integral: la historia de este pueblo. Por ello, vamos a estudiar a los perdedores de los sucesos desde esa perspectiva general, empezando por la Restauración, siguiendo por la República, continuando por la dictadura y terminando con la recuperación de la democracia.

De izquierda a derecha, Manuel Moreno Cabezas; Antonio Cabañas Salvador, Gallinito; Sebastián Pavón Pérez; Salvador Jordán Aragón; Francisco Rocha Acevedo y Cristóbal Toro Domínguez. Foto: Dubois.
En los días posteriores a los sucesos, se instaló en el pueblo un clima de represión, miedo y temor que resulta difícil de describir. La gran mayoría de los que habían participado en la proclamación del comunismo libertario huyeron a la sierra o se escondieron en la Morita. Poco a poco fueron entregándose, pues se extendió el rumor de que fuerzas de la aviación iban a bombardear los alrededores. Cerca de 100 personas ingresaron en la cárcel y, aunque solo 26 fueron procesados posteriormente, para la mayoría de este centenar de detenidos no iba a ser la última vez que entrarían en la cárcel. Hasta tal punto que podemos concluir que el presente de nuestro pueblo se ha hecho, en parte, sobre la triple derrota de toda esta generación: en los sucesos, en la Guerra Civil y en el franquismo.
La inmensa mayoría de los que participaron en los sucesos, cuando saltó la guerra, huyeron a la zona republicana. «Cuando empezó la guerra, llegó un aviso diciendo que todos los que habían estado en prisión por el suceso debían presentarse en los cuarteles de Medina. En vez de eso, me cambié de bando». Eso hizo también la mayoría. Consumada la segunda derrota en el 39, solo uno de ellos, Gallinito, perdió la vida en la contienda. Muchos estuvieron largo tiempo en las cárceles, otros en campos de concentración o, durante un tiempo prudencial, fuera de la circulación, escondidos, los denominados «topos», y otros se tuvieron que ir a la sierra, con el maquis.
La tercera derrota sobrevino con la gestión de la victoria. En todos los casos analizados, se constatan enormes dificultades para encontrar trabajo, pues la etiqueta de «rojo» constituía un obstáculo bastante pesado. A la persecución económica hay que unirle la persecución política. Las fuerzas de seguridad ejercían un especial seguimiento y control de estos campesinos. No me parece una casualidad que muchos de ellos eligieran la puerta de la emigración que se abrió en la década de los sesenta; ya se ha estudiado que, además de causas económicas, el éxodo rural de los sesenta tuvo un componente político. El tercer tipo de represión es la social. En los pueblos pequeños, como el nuestro, el rumor, el bulo, la crítica, el chismorreo, los prejuicios… se convierten en instrumentos perfectos de autocontrol. Es la famosa frase de «el miedo guarda la viña», «mira lo que le pasó por meterse en política», «los otros», «los raros», el fatalismo, la desmovilización política y social.
Hay una frase hecha que reza que «somos lo que somos o aquello en lo que la historia nos ha convertido». Yo creo que una buena parte de los aspectos positivos que tenemos en la actualidad con respecto a la etapa anterior se lo debemos al trabajo, a la lucha y al sufrimiento de estas personas. Por eso, esta serie sobre los perdedores de los sucesos de Casas Viejas no solo está concebida como un humilde y sentido homenaje a su trayectoria como personajes, sino también como una contribución a la devolución de una dignidad que demostraron y certificaron con su experiencia vital.
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