De vez en cuando la vida
afina con el pincel:



se nos eriza la piel



y faltan palabras


para nombrar lo que ofrece


a los que saben usarla
De vez en cuando la vida te da una alegría. Ayer me la dio a mí. La necesitaba. Habíamos previsto, organizado es mucho escribir, una jornada entre amigos para visitar el espacio conmemorativo, presentar el libro de José Luis Gutiérrez Molina la Justicia del Terror y después escuchar música y comer y beber entre amigos.


Se trataba de algo particular, individual, no oficial, y como los dos espacios donde iban a tener lugar los actos no eran demasiado grandes, tampoco podíamos invitar a mucha gente y por otra parte tampoco era cuestión de que no pasáramos de unas pocas docenas de personas. La primera alegría de la mañana es cuando confirmamos que había venido la gente de Cádiz con Santiago Moreno a la cabeza, además de Juan Carlos Diaz, Rafa, Butrón y su gente. Gonzalo Acosta, Cecilio y su gente de Sevilla, Algarbani y Moriche del campo de Gibraltar, la gente del ateneo republicano de Barbate, los de Chiclana con Paco Mena o Luis,  Fran Váldez y la gente de Conil  Mato, Vanesa, Jose Manuel, Julio, Lidia, la gente de Torrent y los de Casas Viejas, además de muchos otros,  es imposible citarlos por su nombre a todos. Especial alegría me dio el encuentro físico, en persona con Auxi y Fernando. Auxi ha sido la que ha llevado el peso, el curro específico y concreto del espacio conmemorativo en cuanto a la tarea documental. Habíamos hablado por teléfono muchísimas veces, y cientos de emails, pero no nos conocíamos personalmente. La verdad es que ha sido un contacto para mí muy productivo y estoy muy contento de que al final todas las partes estén más o menos satisfechas. La segunda alegría de la mañana me la dieron cuando llegamos al Tato y empezamos a organizar un acto que no estaba organizado y que no se sabía quien lo hacía. Tácitamente, con una magnífica connivencia y complicidad la gente que debía hacerlo se puso manos a la obra y organizó la charla, quien hablaba, en que orden, cuando las actuaciones musicales y como se colocaban las sillas. 




El acto comenzó con una interpretación a piano de Jesús Vela, dando pasó a la presentación del libro en sí. Empezó hablando Ana Mayi propietaria de la editora del libro. Muy amable nos agradeció la organización del acto y glosó las características más importantes de él. Luego tomé yo la palabra. Empecé pidiendo perdón por los posibles fallos de organización, de un acto que no estaba organizado, y pasé a leer un escrito donde le agradecía profundamente y sinceramente la labor de difusión y conocimiento que ha hecho José Luis con la historia de Casas Viejas, poniendo el énfasis en la lucha por la dignidad de los protagonista y en el hecho de que ha compartido con todos nosotros todos los documentos y saberes, que son muchos, que tiene. Luego era el turno del propio José Luis. Empezó leyendo el nombre de los más de setenta de la comarca de la Janda que fueron sometidos a juicio sumarísimo en 1937 por sus ideas políticas. Pasó a explicar algunas particularidades del libro y terminó con un precioso alegato por la necesidad que tenemos la personas de aprender compartiendo, de vivir haciéndonos la existencia lo más agradable posible. Puede que resulte cursi lo que voy a escribir ahora. Pero con todo lo que está cayendo, con tanta hipocrecía que nos rodea cada vez me gustan más las cosas sencillas y sinceras, como el acto de ayer. Luego la toná de Casas Viejas de Antonio el de Paqui y dos nuevas interpretaciones musicales de Jesús Vela, una a viola y otra a piano. Preciosas las dos.




Después el turno de la comida. Aquí también había miedos previos. ¿Había bastante o faltaría?. Tanto la Perola, como las tagarninas con garbanzos, como los espárragos con arroz hicieron las delicias del personal y como si fuera un milagro, pasó como en la boda de Robles, ni faltó, ni sobró, ni hubo bastante. Aparte que agradecieron efusivamente las bondades de la gastronomía local.




Luego la charla con los amigos, que como suele ocurrir en estos casos, siempre se queda escasa y te quedan gente con la que te gustaría haber hablado mucho más tiempo. Las conversaciones las típicas de estas ocasiones, la actualidad, la política, la memoria, las posibilidades de Casas Viejas… y el magnífico día que la naturaleza nos había regalado. La Alameda en su esplendor, llena de gente, en animada charla, disfrutando que hasta el invierno nos había dado vidilla. Y es que, ya lo decía Serrat…
De vez en cuando la vida
nos besa en la boca



y a colores se despliega



como un atlas,


nos pasea por las calles


en volandas,

y nos sentimos en buenas manos;
se hace de nuestra medida,



toma nuestro paso


y saca un conejo de la vieja chistera


y uno es feliz como un niño

cuando sale de la escuela.
GRACIAS

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