El inicio del curso 88-89, en el instituto de nuestra localidad, ha ocasionado un cierto revuelo. Como es sabido, el horario escolar ha sufrido grandes modificaciones. Con acierto o sin él, los dirigentes del centro de bachillerato han decidido sustituir la jornada de mañana, por una de tarde. Como consecuencia de ello, los alumnos entran a las 2,20 y salen a las 8,30 de la tarde.




Ante este panorama, ¿qué opinan los estudiantes? La mayoría de ellos creen que el cambio sufrido no va a contribuir en nada a mejorar el rendimiento escolar. Prefieren una jornada matutina. ¿Por qué esto? Pues muy sencillo, piensan que el empezar las clases a las 8,30 de la mañana les beneficia, ya que, se levantan con fuerzas renovadas, cosa que no ocurre empezando a las 2,20.
¿Qué ganas de dar clases puede tener una persona que acaba de almorzar? ¡IMAGÍNENSELO!.



Además de esto, los alumnos se siente un poco molestos, pues creen que tenían que haber consultado con ellos acerca de esta problemática. Por lo visto, el voto de los principales protagonistas no cuenta para nada. Como contrapartida de todo esto, está la opinión de aquellas personas que están trabajando y quieren iniciar o reiniciar sus estudios. Lógicamente, el nuevo horario les ha favorecido, cosa de la cual nos alegramos.
Cabe reseñar también, que hay estudiantes que se han visto «machacados» por este gran problema. Nos referimos a aquellos con asignaturas pendientes. Estos, además de asistir normalmente a clase, deben ir algunas mañanas al instituto ¿Es lógico? ¿Son máquinas o personas? ¿Cuándo estudian?



A pesar de todo, no podemos echar toda la culpa a la dirección, ya que, sus razones tendrá  para haber realizado tales modificaciones. Somos conscientes de que el año pasado hubo algunos problemas con la E.G.B. A esto hay que añadir la falta de instalaciones para tantos estudiantes. 



Sólo esperamos que para el próximo curso, se cuente un poco más con el alumnado, y se busquen las soluciones pertinentes para que éste no se sienta tan agobiado.
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