Uno de los lugares más ricos en arqueología medieval es la mesa de Algar, que aunque oficialmente pertenece a Medina, siempre ha sido parte del campo de Casas Viejas. Además, lo es tanto, por lo que conocemos, como por lo que queda por conocer. Tanto en la zona de arriba de la mesa, como en la ladera, como abajo de ella se localizan numerosos restos que la convierten en una zona de gran importancia arqueológica. Ya que han aparecido restos arqueológicos de todas las secuencias desde los griegos hasta la baja edad media, pasando por los romanos, los visigodos y los musulmanes. Las épocas más estudiados han sido la visigoda (excavación y estudio de la necrópolis) y la musulmana. 



Juan Abellán y Francisco Cavilla se refieren a la necrópolis hispano-visigoda de los siglos VI-VII que distaba de la ciudad musulmana, identificada como Balsana, a unos 2 km. de la cueva, dentro del hoy conocido Cortijo de Calatrava. Al parecer nada queda del yacimiento por el trabajo de arado del terreno. Aunque son varias las familias que cogieron restos de la necrópolis. Otra prueba más, de lo poco valorado y cuidado que está en la zona el patrimonio arqueológico. Sobre esta dice el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico: “Necrópolis medieval visigoda situada encima de las cuevas de Mesa de Algar, ocupando una gran superficie. Los enterramientos se documentaron en toda la superficie del cerro”.



El poblado de Faisana se corresponde con el topónimo Calatrava y está ubicado en Malcocinado, próximo a una zona de nuevos cultivos ecológicos que explota el cortijo Bio. Los profesores de la Universidad de Cádiz Juan Abellán y Francisco Cabilla hicieron hace ya unos años unas excavaciones en la zona, estimando que Calatrava se correspondía con la ciudad de Balsana, mencionada en el Dikr que se redacta entre los siglos XIV y XV, así mismo sostienen que la alquería Faysana se corresponde a la posteriormente denominada como ciudad de Balsana. Escribió Abellán: «Entre otros núcleos de población que se citan como ciudades antiguas, pero sin el apelativo de capital, es el de Blasana, ubicada en la ruta idrisiana que unía Algeciras con Sevilla por tierra, en el tramo medio, y muy próxima a Medina Sidonia. Sin duda, se trata de un poblamiento de cierta importancia con parada (manzil) y mercado que al- Idrisi denomina Faisana, término que ha sido transcrito, según los estudiosos, de formas diversas, lo que ha dificultado su localización. Sin embargo, el Dhikr, en el apartado que dedica a Sidonia y sus distritos, hace mención a varios núcleos de población hoy desaparecidos y, al respecto, dice textualmente: “Entre las ciudades de Sidonia podemos citar la de Blasana, que es muy antigua; frente a ella se alza un gran cerro en cuya ladera meridional se excavó una enorme cueva de la que mana un agua muy dulce y en cuyo interior hay unos estrados construidos en la Antigüedad; cuando los habitantes de esa monarca sienten algún temor se refugian allí y se hacen fuertes dentro con sus bienes, propiedades y provisiones”



Los asentamientos que se recogen en este fragmento son dos: la ciudad y la cueva. El segundo, situado en Las Mesas de Algar (Medina Sidonia) con una potente estratigrafía que va desde la Antigüedad al Medievo, presenta dos niveles perfectamente definidos. En la Edad Contemporánea también ha tenido diversos usos como explotación de guaro para abono o leprosería en el siglo XIX. La importancia patrimonial de esta zona la resume Juan Abellán: «La Mesa de Algar, tienen todas las secuencias históricas: griegos, romanos, visigodos, musulmanes y periodo bajomedieval, tanto necrópolis como acrópolis ( parte alta de las ciudades con la intención de defender sus asentamientos). Se trata de una zona que hay que estudiar en profundidad en base a la arqueología, ya que las fuentes escritas apenas si existen.» 



Antonio Morillo Crespo, que uno de sus libros sobre la historia de Vejer de la Frontera escribe lo siguiente sobre la cueva de Algar:
“La Cueva de Algar está orientada en dirección Sureste-Noreste, con una longitud aproximada de unos 400 m. Fundamentalmente su esquema es de dos corredores paralelos, varias veces intercomunicados por pasadizos y a ambos lados de cada corredor departamentos cuadrangulares, salas excavadas en sus paredes laterales como celdas o viviendas. Ambos corredores desembocan en un amplio terminal espacioso con luz directa, pues en su techo existen dos aberturas al exterior a unos 15 metros más o menos de altura.
La antigua entrada estaba a nivel del terreno y era posible incluso entrar a caballo. Más el agua y la tierra acumulada ha taponada dicha entrada y actualmente sólo tiene acceso por una abertura por su cara Este, por lo que hay que introducirse mediante cuerdas, hasta una profundidad de 10 metros.
La mayor parte de la cueva está llena de guano de murciélagos, llegando en algunas salas hasta el mismo techo. Este guano ha sido extraído para abono durante mucho tiempo. En muchos trozos dificulta también el paso, la tierra introducida por grietas y hendiduras del terreno, hasta tal punto que a veces hay que avanzar completamente a ras de suelo. Algunas paredes tienen manchas de color rojizo. Y se observan asideros en los quicios de las paredes y repisas de fondo curvo labradas en los muros, las primeras quizás para colgar de ellos y las segundas para colocar luces.
La cerámica es abundantísima. Hicimos amplia recolección, que fue entregada en el museo arqueológico de Cádiz. Su informe indicó procedencia de todas las épocas, desde los tiempos prehistóricos hasta los tiempos actuales. Lo cual nos indica haber sido utilizadas siempre, bien como refugio o como polis subterránea”.



Por su parte, Juan Abellán y Francisco Cavilla dicen de esta cueva:  “varios kilómetros de longitud, en cuyo interior se abren una serie de canales o calles con edificaciones, una posible basílica rupestre de tres naves con altar lateral, grandes salas abovedadas y abundantes material cerámico de época altomedieval”.
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