Comienzo hoy una serie sobre los casaviejeños 1933. Lo baso en la exposición que se hizo en 2014. En esta ocasión con la colaboración del Ayuntamiento de Casas Viejas se coordinó y organizó desde la Asociación Amigos de Mintz. Los textos son de Pepe González y míos y el tratamiento de las imágenes y el diseño y maquetación  de Fran Sánchez. Intentamos mostrar el fresco que componía la realidad social de Casas Viejas en 1933.





Esta exposición presenta un doble carácter: por un lado, reivindicativo tratando de recuperar un protagonismo que nunca se ha tenido, contando desde y para Casas Viejas cómo eran las personas que vivían aquí en 1933. Por otro lado, queremos enfocar la exposición con un carácter global, tanto en el tiempo como en la estructura social. 



El afán por mejorar las pésimas condiciones de vida que sufría la localidad y las lamentables consecuencias padecidas,  no recayeron en una sola familia o sector social, aunque no todos las soportaron por igual, sino que la derrota fue integral, el viaje del encanto al desencanto afectó a todo el conjunto de la población. Nicolás Vela, representante de la élite social y política del pueblo, en un pleno de 13 de Mayo de 1982 en el Ayuntamiento de Medina dijo: “Demasiado nobleza la de ese pueblo, después de haber estado reprimido durante tanto años, excepcionalmente por aquellos, tristemente sucesos de Casas Viejas”. 



Lo que ocurrió en 1933 en Casas Viejas fue el símbolo y el antecedente de lo que más tarde ocurriría con la República en toda España. Por ello, los sucesos siempre aparecen en todos los recovecos, puertas y ventanas de la historia contemporánea de España, por eso se convirtió en la tragedia de la Segunda República, por esto tuvo el seguimiento mediático tan extraordinario y singular, por lo cual, también, hoy poseemos una colección de fotografías, de las que aquí mostramos una parte,  que son un verdadero tesoro para la Historia de España en general y la de Casas Viejas en particular. 






Queríamos con esta exposición brindar un humilde homenaje a estas personas, poniéndoles cara y rostro, que bregaron por un mundo mejor y que, aunque pagaron caro su atrevimiento, posibilitaron con su sufrimiento y padecimiento unas mejores condiciones de vida posteriores y nos dejaron la enseñanza de la necesidad de luchar por la dignidad y la libertad.
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