La mujer de la foto; Manuela Barberán,  se dispone a fregar en un baño de cinc. En la inmensa mayoría de las casas no había agua corriente ni fregaderos, el agua había que traerla de las fuentes públicas. El detergente medido con la cuchara, muestra que la mujer se encarga de la economía familiar. Hay varias leyes en la casa de cumplimiento inexcusable: no se tira nada y la ley del pobre, «reventar antes que sobre». Las mujeres se hicieron así, verdaderas expertas en el arte del reciclaje y del ahorro. Se aprovechaba la comida que sobraba, se remendaba la ropa o se llevaba al zapatero el calzado deteriorado.





La «mujer de su casa» era una parte integrante de la España católica y tradicional. Su papel en la vida social era reducido, la socialización pública era escasa y su ámbito se restringía al hogar. Su reclusión en el ámbito doméstico era impuesta, las circunstancias condicionaba que no pudiera salir de ahí. En primer lugar, su libertad estaba condicionada por la dependencia económica hacia el hombre, éste no sólo mandaba, sino que aportaba el dinero que entraba en la familia. Su escasa formación no les permitía romper el yugo masculino.



Pero esta adscripción a las tareas domesticas de la mujer ni fue exclusiva del franquismo, es característica de la sociedad patriarcal del Antiguo Régimen, ni está desterrada en su totalidad en la actualidad. Como se decía en La mujer de Acción Católica: «Nada de conocimientos científicos para estas niñas. La cocina –sí, la cocina– debe ser su gran laboratorio». De hecho es muy común el refrán de Calvino: «el hombre en la oficina y la mujer en la cocina». 



Este reparto de funciones no sólo se refería a las tareas domésticas y el trabajo remunerado, también al tipo de educación, los lugares públicos o incluso los colores para la ropa. En la actualidad la situación ha cambiado, la mujer se ha incorporado al mundo laboral constituyendo uno de los grandes cambios sociales de la historia contemporánea. No obstante, todavia hay rémoras del pasado. Los salarios de las mujeres son menores que los hombres, la violencia de género es una lacra que todavía nos asola y la concepción patriarcal de la vida no se ha abandonado del todo, sobre todo, en los ámbitos menos desarrollados culturalmente.
Foto Mintz



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