En la fotografía Francisca Guerrero La Meinata (esposa de José Cruz El Gallinito) hace la colada. La mujer, tantas veces unida al baño de cinc y a la piedra de lavar. Aun no había llegado la lavadora ni la electricidad ni el abastecimiento de agua. Duro trabajo para las mujeres. 




Decía Samuel Pepys en 1666 que «la colada ha sido siempre una tarea ingrata en el mejor de los casos, y una maldición en el peor». El procedimiento fue básicamente el mismo durante cientos de años. Las mujeres escurrían la colada con sus propias manos, usaban jabón elaborado por ellas mismas y restregaban la ropa sobre una tabla. El baño de cinc era el depósito y descansadero de esa colada. El trabajo era tan duro que el mejor modo de abordar la tarea era retrasarla todo lo posible. Si en el siglo XIX aparecen las primeras lavadoras industriales en el mundo rural español hay que esperar más. 



En Benalup de Sidonia hasta finales de los setenta y principio de los ochenta. Las mujeres, como se ve en la fotografía salían a las puertas de sus casas o a la fuente o lavadero público con sus tablas de madera y sus baños de cinc, convirtiéndose la colada en otro de los escasos momentos para la socialización. Se aprovecha que se salía de la casa para las conversaciones y chascarrillos, mientras cuidaban de sus pequeños, que correteaban y jugaban a su alrededor… «Hoy las nuevas lavadoras son las llamadas inteligentes pues disponen de microcontroladores, microprocesadores e incluyen técnicas de programación basadas en «lógica difusa» para programar los ciclos de lavado con objetivos de resguardar el medio ambiente con el uso de jabones biodegradables, reducir el consumo de agua y energía eléctrica, agregando al lavado el vapor y desinfección. La conexión a Internet permite a las compañías que suministran energía comunicarse con las lavadoras y secadoras para reducir el consumo de energía durante las horas de mayor consumo y permiten al usuario controlarlas remotamente usando el teléfono o el ordenador». (Fuente: villadtembleque.blogspot.com)



El primer plano de «La Meinata» con su baño de cinc, que tapa a otra mujer que sostiene en sus brazos a un niño, está completado con el hermoso fondo de la calle Benalup con sus casarones. Este tipo de composiciones son muy típicas en Mintz. Una escena cotidiana tomada desde una perspectiva que incluya un amplio fondo. Cosas sencillas para expresar fenómenos complejos.
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