La tienda de Paz Vela en la calle Doctor Rafael Bernal: comestibles, horno y panadería. Trabajaba la propia dueña, que aparece al fondo de la imagen, y los demás miembros de la familia. La señora que cruza el umbral de la puerta es Juana, la madre de Pepe Sánchez el de Santo.



El objetivo era alejar a las mujeres, especialmente si estaban casadas, del mercado laboral. En aquellos tiempos era para el hombre una humillación como cabeza de familia que la mujer trabajara. Algo así como no ser lo suficiente hombre para mantener una familia. Se consideraba que el trabajo suponía un peligro para la institución familiar y para la estructura jerárquica que «naturalmente» Dios ha asignado a cada miembro de la familia, ya que la independencia económica de las mujeres que trabajan fuera del hogar suponía una grave afrenta para la dignidad del marido.



Está mal visto el trabajo de la mujer y sólo se admite por necesidad el de la mujer soltera. En el libro de Mintz sobre Coplas y sociedad «…se puede observar cómo algunas mujeres casadas se saltaban las presiones legales y sociales montando negocios autónomos, fundamentalmente comercios». Y en esos establecimientos, que en la mayoría de las ocasiones eran regentados por la pareja, el papel de la mujer no era habitualmente el de mera comparsa. Se trataba, en cierto modo, de élites que con mucho esfuerzo sorteaban los obstáculos sociales y se incorporaban al mercado laboral, aunque fuera sin salir de su casa. De alguna manera estas primeras mujeres que trabajaban en tiendas propias durante el franquismo y que seguían en muchos casos la tradición familiar se constituyeron en una especie de vanguardia que facilitaría la posterior generalización de la incorporación de la mujer al mercado laboral. Pero los cambios han sido y son muy lentos, ya que el modelo tradicional de familia y los fundamentos patriarcales han llegado hasta la actualidad.



En la actualidad la feminización del trabajo en el comercio sigue siendo importante. La mayoría de los puestos de trabajo de las grandes áreas comerciales y supermercados están ocupados por mujeres jóvenes. Mal remuneradas, eso sí.
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